Paradojas de un escritor en ciernes

La semana pasada volví a publicar en este blog después de más de un mes embarcado en otros proyectos. A pesar de que la publicación en sí fue producto de una desgarradora noticia para el mundo de la música, la motivación que me impulsó a escribir la entrada me hizo plantearme muchas cosas.

Desde hacía mucho tiempo, aunque encontraba muchas cosas que contar, apenas tenía tiempo para desarrollarlas. Y cuando al fin conseguía algo de tiempo, mis energías creativas estaban prácticamente agotadas por otros proyectos que contaré más adelante.

La cuestión es que cuando me sentaba delante de alguna historia sin terminar o algún artículo a medio empezar, era la apatía la que me devolvía la mirada a través de una cortina de polvo y una hoja en gris. Solo entonces me daba cuenta de lo sucia que estaba la pantalla de mi ordenador y me ponía a ordenar la mesa, los apuntes, las libretas, la cama, la ropa sucia, el perro y casi cualquier cosa que me alejase un poco de las teclas y la estilográfica.

¿Será esto a lo que sabe el pánico a la hoja en blanco? ¿Tendré que hacer de la procrastinación mi nueva religión? ¿Al fin el síndrome del impostor me habrá ganado la partida?

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Buen viaje, señor Chris Cornell

Recuerdo vivamente los días de verano, los más especiales que puede tener un adolescente. Aquel último día de exámenes que anunciaba el comienzo de la libertad por tiempo limitado. A veces duraba un suspiro porque las cosas no habían ido como esperaba. Otras se prolongaban hasta el comienzo del nuevo curso.

En esos días, año tras año, tenía un ritual. Al salir del último examen me ponía los auriculares y me alejaba lentamente, sin hablar con nadie, en un limbo de estados encontrados, hasta que los primeros acordes del My wave de Soundgarden me recordaban que no debía de preocuparme por absolutamente nada. El verano era real y tomaba forma de sonrisa, mientras el mundo desaparecía a mi alrededor.
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La historia de tu vida, de Ted Chiang

Portada de La historia de tu vida, un libro de Ted Chiang.

Diseccionando la Humanidad a través de la palabra

¿Hasta dónde es capaz de llegar la comprensión humana? ¿Cuáles son nuestros límites? ¿Se agotará alguna vez el motor que nos impele a seguir avanzando?

Estas son algunas de las cuestiones que se plantean en esta serie de relatos cortos que giran en torno a nuestra propia naturaleza, nuestros anhelos y nuestros miedos, hilados todos a través de la palabra en el sentido más amplio del término.

En todos los relatos está presente el lenguaje como un ente con carácter propio, ya sea en sentido matemático, celestial, terrenal o extraterrestre. Relacionado con el misticismo o con la propia evolución. Porque las historias recogidas en La historia de tu vida (Ted Chiang, 2015) tienen dos denominadores comunes: la humanidad y la manera que tiene de comunicarse con su entorno, consigo misma, con su pasado y con su futuro.

El lenguaje como hilo conductor

Ted Chiang (New York, 1967) no es un autor excesivamente prolífico, su biografía no alcanza la veintena de relatos cortos publicados en los últimos treinta años. Y tampoco es fácil de digerir; su narrativa explora conceptos de tal complejidad que te obliga a escarbar en las palabras y su sentido y a echar la vista atrás al terminar más de un párrafo, para entender la magnitud de su mensaje. De hecho, el gran público no supo de su existencia hasta que en 2016 el director Denis Villeneuve trasladó a la gran pantalla su relato La historia de tu vida —recogido en esta antología homónima— con el nombre de La Llegada (Arrival).

Uno se podría preguntar, entonces, cómo es posible que más de la mitad de sus relatos hayan sido galardonados con los más prestigiosos y diversos premios internacionales de la ciencia ficción (Nébula, Hugo, Locus, entre otros), y que algunos incluso se publicasen en revistas científicas de gran importancia como NatureY esta cuestión es fácil de responder al adentrarse en sus páginas.

No hay pilar de nuestra sociedad que no se tambalee en alguno de los ocho relatos que componen este libro, guardando un equilibrio perfecto entre ciencias y humanidades.

Cada uno de sus relatos está finamente diseñado para destrozar todos tus esquemas. Para cuestionarte tu propia realidad y replantearte conceptos científicos, sociales y filosóficos desde un prisma completamente novedoso. Y la elegancia con la que hilvana esas ideas a través de ficciones deliciosamente elaboradas puede llegar a quitar el aliento.

Ted Chiang no le hace ascos a ningún tema, desde la mitología a la religión, desde la biología a las matemáticas, la química, la psicología o la sociología. No hay pilar de nuestra sociedad que no se tambalee en alguno de los ocho relatos que componen este libro, guardando un equilibrio perfecto entre ciencias y humanidades.

Al leer los relatos recogidos en La historia de tu vida, ciertos engranajes comienzan a ponerse en movimiento. Sientes que hay algo más allá de las originales historias que se suceden delante de tus ojos. Y pronto te percatas del hilo invisible que mantiene unidas sus costuras.

Da igual la temática que abarque, cada uno de los relatos hacen referencia de un modo u otro al concepto de lenguaje. Ya sea aludiendo al origen bíblico de las lenguas; como una nueva forma de comunicación, necesaria al superar las barreras de nuestro propio intelecto; sumergido en las obsesiones por desentrañar las paradojas del lenguaje matemático; como vehículo para relacionar la estructura lineal de nuestros idiomas con nuestra propia percepción del espacio-tiempo; o como un elegante símil entre la genética y el misticismo judío, que confiere a las palabras el poder de animar lo que está dormido.

Desgranando «La historia de tu vida»

El lenguaje, a pesar de su poderosa presencia en todos los relatos, no deja de ser una mera herramienta como puede ser la tinta de una pluma. Un líquido oscuro y omnipresente que sirve como base para el desarrollo de conceptos complejos y apasionantes, sin llegar a ser nunca un protagonista manifiesto; impregnando cada uno de los relatos de La historia de tu vida.

La torre de Babilonia

¿Hasta dónde puede llegar el ser humano en su afán por explorar el mundo que le rodea, desafiando al mismo Dios al que venera? Este es un relato sobre los límites de nuestra ambición y nuestra soberbia, que nos hace plantearnos qué es más importante, si fijar la mira en una meta supuestamente inalcanzable, o desviar la mirada hacia el camino que se recorre, convirtiendo lo aprendido en nuestro verdadero éxito.

Una épica sobre la curiosidad y la capacidad de superación de la humanidad en el marco bíblico del origen de las lenguas.

Comprende

Esta es la historia de un hombre ordinario al que se le concede un don extraordinario al poder llevar su actividad mental y sus sinapsis cerebrales hasta límites insospechados gracias a la farmacología.

Es una premisa explotada hasta la saciedad tanto en la literatura como en el cine, en especial últimamente con películas como Sin límites (Limitless)Lucy o Transcendence.

Sin embrago, en este caso la originalidad radica en el enfoque reflexivo, en la explotación de los problemas derivados de esa capacidad meta-humana, su incapacidad de comunicar semejante grado de desarrollo y conocimiento mediante los idiomas humanos y cómo varían las reacciones en función de la personalidad del individuo.

Es particularmente interesante el planteamiento casi filosófico derivado de cómo actuaríamos si tuviésemos un control total sobre cada aspecto de nuestra fisiología, psicología, biología y consciencia.

Dividido entre cero

¿Qué harías si pudieses demostrar más allá de toda duda razonable que las matemáticas son totalmente contradictorias? ¿En qué se convertiría tu vida si fueses responsable de resquebrajar los cimientos de la ciencia a la que veneras?

Tiang establece aquí un curioso aunque complejo paralelismo entre las relaciones sociales y el lenguaje matemático. Cómo, aunque tengas pruebas fehacientes de que uno puede ser igual a dos, esto no siempre se traslada a la historia particular del ser humano. Y que dos personas que han pasado por los mismos traumas y por las mismas situaciones no tienen necesariamente que actuar de la misma forma. Porque aunque esté verificado, no siempre uno es igual a dos.

La historia de tu vida

¿Cómo te comunicarías con una entidad extraterrestre que apareciese en la Tierra con fines pacíficos?

Esta pregunta tan básica a priori y tan habitualmente olvidada en la ciencia ficción, es la base sobre la que se construye este magnífico relato que da nombre al libro y en el que está basado el largometraje La llegada (Arrival).

A partir de esta premisa, el autor especula sobre el concepto mismo del espacio-tiempo y las raíces del lenguaje, de la evolución y de la propia consciencia, en un relato íntimo y pausado que explora conceptos de un profundo calado filosófico, físico y lingüístico, desde un prisma absolutamente emocional.

Tener un lenguaje desordenado, circular, moldeable, bidimensional, puede indicar que el propio pensamiento funciona de manera similar. Nuestro lenguaje no es sino un reflejo de los procesos y la estructura particular de nuestra consciencia.

Setenta y dos letras

Una perfecta alegoría semántica de la reproducción humana en la que descubrimos la complejidad biológica de la reproducción a través de la nomenclatura hebrea.

La cábala y la ciencia se dan la mano de manera magistral en este relato con múltiples lecturas,  que mezcla referencias steampunk, magia e ingeniería con soltura, recordando a las historias de Julio Verne mezcladas con Jonathan Strange y el señor Norrell.

Simplemente maravillosa.

La evolución de la ciencia humana

Un relato muy corto que ayuda a expandir el universo presentado en Comprende. Interesante, aunque se echa de menos un mayor desarrollo de las ideas que se barajan —y que ya fueron presentadas en el anterior relato—, ya que no aporta nada nuevo.

El infierno es la ausencia de Dios

¿Y si la existencia del Dios del Antiguo Testamento fuese una realidad manifiesta? ¿Y si conviviésemos día tras día con apariciones angelicales y milagros?

Este relato juega con esa posibilidad, con sus consecuencias y daños colaterales, asumiendo que existe un cielo y un infierno —algunos dirán que no tan terrible como lo pintaban en las sagradas escrituras—. Un escrito que no deja indiferente y que pone en cuestión las motivaciones de la fe y la devoción, de cómo llegamos a normalizar y justificar los acontecimientos más extraordinarios y de lo irracional que puede ser la palabra de Dios.

¿Te gusta lo que ves? (Documental)

¿Qué pasaría si fuésemos inmunes a la belleza de los demás seres humanos? ¿Qué repercusiones tendría no sentir esa atracción irracional hacia los rostros hermosos de nuestro entorno o del atractivo exacerbado con el que nos bombardea diariamente la publicidad? ¿Y si pudiésemos aislarnos de esos impulsos a voluntad y verlos de manera objetiva y racional?

En el último relato, Ted Tiang nos sitúa frente al espejo, literal y figuradamente. Con un planteamiento de los más originales que he tenido el placer de leer, el autor nos hace cuestionarnos la ética de la estética a través de un debate social en forma de documental, con entrevistas a las partes implicadas.

La narrativa está tan finamente elaborada, que probablemente te encuentres cambiando de postura ideológica respecto a estas cuestiones a medida que se exponen los diferentes argumentos. Sin duda un trabajo profundo y reflexivo.

  • Título: La historia de tu vida
  • Autor: Ted Chiang
  • Editorial: Alamut
  • Nº de páginas: 240
  • ISBN: 978-84-988910-1-0

¿De verdad es tan importante tener razón?

Reza una frase del tragicómico humorista Louis C. K.:

«Cuando alguien te dice que no le has herido, no puedes decidir que no lo has hecho»

A priori, esta frase destila un gran sentido común, pues el peso del daño, especialmente el daño emocional, recae siempre en el receptor y el emisor no tiene —o no debería tener— la potestad para decidir de manera unilateral, sobre el grado de dolor, de mal o de bien que ha ocasionado con sus actos. Lo único que puede hacer es acarrear con las consecuencias.

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Serendipia

Hoy les traigo un relato muy especial para mí. Fue el primer intento de escribir una novela que recuerdo y el culpable de las innumerables horas muertas que pasé en la cafetería de mi facultad con un lápiz y una libreta.

Finalmente deseché el proyecto tras meses de frustración, así que quedó olvidado en un cajón. Serendipia no es más que el comienzo de aquel proyecto olvidado, reconvertido en relato corto. Espero que les guste.

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Dark Water, de Kôji Suzuki

Un descenso a las cloacas de la naturaleza humana

Vidas ordinarias obligadas a enfrentarse a sucesos que pondrán sus realidades del revés. Esa es la base de todas las historias que conforman Dark Water (Kôji Suzuki, 1994), un compendio de relatos donde el agua, base primigenia de la vida, se convierte, aquí, en mensajera del terror en sus más diversas formas.

Una madre soltera y misándrica con una desconfianza patológica hacia el mundo exterior; un misóngino y maltratador psicológico con un retorcido sentido del humor; un marido egoísta e iracundo incapaz de deshacerse de los fantasmas del pasado; un déspota director de teatro. Estas son algunas de las piedras angulares —aunque no siempre los protagonistas— de relatos que llevan la angustia y el terror al fangoso terreno de lo factible.

¿Te atreves a sumergirte en la oscuridad?

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Al fondo a la derecha

Aquella figura, que le devolvía la mirada desde el escaparate del Café de las almas perdidas, le era completamente ajena. No recordaba exactamente cuándo había comenzado a renegar de su cruel anatomía, oponiéndose a la resignación de aceptar el resultado de unos dados que nunca le habían dejado lanzar.

Con un profundo suspiro, proyectó toda la rabia contenida hacia el desconocido reflejo, cubriéndolo con una agradecida nebulosa de vaho, y se dispuso a entrar en aquella cafetería con nombre de película francesa. No tardó en localizar a su madre al fondo del establecimiento, sentada en la misma mesa donde la esperaba todos los días a las cinco de la tarde.

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Singularidad. Primera parte. (1/2)

Abrí la puerta de la vieja librería, y el sonido de la campanilla me transportó inmediatamente a tiempos tan antiguos como mis recuerdos. Había pasado una vida desde la última vez que crucé el umbral entre la realidad y la fantasía; entre la apatía de una adolescencia tímida y aislada, y la valentía de enfrentarme —aunque fuese como mero espectador— a infinitas aventuras, dramas y misterios.

Cuando el incisivo tañido de aquella guardiana de historias se fue apagando, todo quedó en silencio, como si cualquier sonido quedase amortiguado por el peso del polvo y la memoria. Mis dedos, surcados por los aperos del tiempo, recorrieron el lomo de los cuerpos acostados, leyendo con esfuerzo los nombres de mis antiguos compañeros de batalla. Hacía demasiado tiempo que mis yemas no sentían el agradable tacto del cartón, el cuero y el papel. Sin embargo, recordaba perfectamente las horas que pasé sentado en aquellos pasillos estrechos, descubriendo con asombro los retos a los que debían enfrentarse Ulises, Ahab y compañía.

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¿Quieres mejorar como lector? Pues olvídate de trucos para leer más rápido

Dice Robert McKee en su libro El guión, que cualquier teoría sobre los paradigmas y los modelos infalibles de redacción que sirven para alcanzar el éxito comercial es un completo disparate. McKee carga con esta lapidaria frase contra aquellos que, como Syd Field, se empeñaban en reducir la creatividad a una fórmula matemática incuestionable. Una suerte de dogmático manual de instrucciones para triunfar en el séptimo arte, entendiendo por triunfar no el hacer buenas películas, sino millones en taquilla. Convertir el noble oficio de contar historias, en un manual del perfecto vendedor comercial.

Sin duda, Robert McKee es un personaje controvertido con una curiosa manera de exponer su verdad y es ampliamente conocido el enfrentamiento académico que siempre ha mantenido con Field, el otro gurú de la escritura de guiones. No obstante, si conseguimos decantar y neutralizar el veneno de la frase, el mensaje subyacente es una máxima que bien podría aplicarse también a la lectura y a la vida en general.
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