Pasados perdidos entre tinta y celulosa

Una nueva entrega, y otro de los relatos que constituyen la antología «Esto lo contamos entre todos», que escribí al comienzo de la pandemia.

Como ya comenté en el anterior relato que compartí, actualmente estoy buscando una editorial interesada en este proyecto, que contará, además, con las maravillosas ilustraciones de Raúl Díez a modo de separadores.

En esta ocasión, la premisa fue propuesta por la ilustradora y editora Cristina Reina —la podrás leer al final del relato— y el tono es muy diferente al anterior. Espero que os guste.

Así que ya sabéis, si conocéis alguna editorial a la que poder presentar el proyecto, podéis escribirme por privado.

¡Infinitas gracias!

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Esto lo contamos entre todos

Durante la cuarentena todos nos subíamos por las paredes. Era una época de incertidumbre que, de hecho, aún no ha terminado.

En aquel momento decidí —un poco por distraerme, un poco por no llegar yo también a rascar el techo— escribir una serie de relatos a partir de premisas que me aportasen mis contactos en redes sociales.

Con las diferentes premisas que me enviaron —a cada cual más curiosa que la anterior— se podría realizar un interesante estudio sociológico, pero como no soy psicólogo, preferí convertirlas en una antología de 44 relatos y textos cortos de temáticas muy diversas (sci-fi, humor, drama, comedia, reflexión, realismo mágico…) que, de manera casi natural, iban entrelazándose entre sí formando un multiverso narrativo interconectado, y que giraban alrededor del concepto de confinamiento y pandemia en sentido amplio.

Actualmente estoy buscando una editorial interesada en este proyecto que contará, además con las maravillosas ilustraciones de Raúl Díez a modo de separadores.

Aquí os dejo uno de esos relatos para vuestro disfrute. Si conocéis alguna editorial a la que poder presentar el proyecto, podéis escribirme por privado.

¡Infinitas gracias!

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La vieja casa de Jack

Jack lleva décadas intentando vender aquella vieja casa, aunque hace eones que no llaman a la puerta. Ni un catálogo del LIDL entra por la rendija del correo. Los testigos de Jehová pasan de largo por pura intuición, mirando de reojo esa fachada gris y triste, comida por la hiedra.

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Pajaritas de papel

Janos ocupó la última fila del Airbus A330, con un leve tintineo y una chaqueta azul sobre el regazo. Junto a él se sentó un tipo trajeado que miraba alrededor como si la mitad del pasaje le debiese pasta. Ni siquiera se dignó a dirigirle la palabra. Aquel tipo ceniciento parecía más preocupado por saber si había sitios libres cerca de las salidas de emergencia. Iba a ser un largo e incómodo viaje de regreso, así que Janos optó por distraerse con lo que le ofrecía el exterior. Al menos le había tocado ventanilla.

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Habitación libre (3/3)

Este es el desenlace del relato «Habitación libre». En la anterior entrega nuestros protagonistas estaban encerrados, pero dispuestos a enfrentarse al horror con uñas, dientes y antihistamínicos. Si no sabes de que puñetas te estoy hablando, probablemente te hayas saltado algunos pasos, así que será mejor…

Ir a la primera parte.

Si has venido a jugar y ya leíste de la primera y la segunda parte, te animo a descubrir cómo finaliza la historia. Si no, ¿a qué estás esperando? (Luego no digas que no te lo advertí).

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Habitación libre (2/3)

Segunda entrega del relato «Habitación libre». En la anterior entrega habíamos dejado a nuestros protagonistas tomando una importante decisión que tendrá consecuencias (in)esperadas. Si ya leíste de la primera parte, te animo a descubrir cómo continúa la historia. Si no, ¿a qué estás esperando? (no digas que no te lo advertí).

Ir a la primera parte.

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Habitación libre (1/3)

Habitación Libre es un relato surrealista en tres partes sobre la problemática de la vivienda en las grandes ciudades, llevado a un futuro lejano en el que la cosa no parece haber mejorado, sino todo lo contrario.

Clara y Jorge se enfrentarán al dilema de alquilar o no una habitación que ha quedado libre en su minúsculo piso compartido. Las consecuencias de su decisión irán más allá de lo que jamás hubiesen imaginado…

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Aquella maldita tarde de septiembre

Metabolismo emocional lento.

Eso fue lo que le diagnosticaron a Claudia cuando llegó a la consulta, seis meses después de que tuviese su primera menstruación.

Seis meses de insensibilidad absoluta, de sentirse afortunada por no añadir los cambios de humor y el cóctel explosivo de emociones a su ya de por sí compleja pubertad. Y, de repente, un día se despertó con ganas de saltar por la ventana porque se había levantado tres minutos antes de que sonase el despertador.

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No mires atrás

El centro era pulcro, minimalista y espacioso. Transmitía inmensidad y confianza. El joven recepcionista me recibió con una amplia y bien estudiada sonrisa. Luego me entregó una enorme cantidad de impresos sujetos auna tablilla plástica y me indicó unos asientos de manera mecánica.

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Al principio, aquel enigmático anuncio de periódico me había caído como una bendición. Ya había participado en otros estudios sociológicos y cosas por el estilo, pero lo que pagaba aquella gente era desorbitado. Y solo por veinticuatro horas de mi tiempo. Tampoco es que yo sirviese para otra cosa, y la alternativa era pasar el día mirando el techo.

Este puto gotero suena como campanadas de nochevieja. No es normal. Estos cabrones quieren volverte loco, no te dejes amedrentar…

Había demasiada información en aquellos folios sintéticos, mucha de ella incomprensible. Pero bueno, era un ensayo clínico. Estaba tan acostumbrado a toda aquella parafernalia que ya ni la leía. Solo necesitaba pensar en el dinero.

Para distraerme, comencé a juguetear con mi moneda de la suerte. Siempre me fascinaron los juegos de prestidigitación y había empleado muchas horas en perfeccionar la técnica.

—¿Has terminado ya? —Al levantar la vista, la sonrisa artificial me escudriñaba desde las alturas, paciente e implacable.

—¿Cómo? ¡Ah, sí! Perdona, aquí tienes.

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