Maratones solidarios

Siguiente entrega de la antología «Esto lo contamos entre todos», que surgió como una manera de dar voz al subconsciente de todos aquellos que, durante la cuarentena que comenzó el 15 de marzo de 2020, se prestaron a participar en este experimento.

El resultado de ese esfuerzo fue un compendio de cuarenta y cuatro variopintos relatos de diversos géneros —desde comedia o drama, hasta ciencia ficción, realismo mágico o terror—, que crecían y se imbricaban poco a poco, conectándose entre sí para formar un universo complejo y orgánico en torno a los conceptos de pandemia, cuarentena y encierro en sus sentidos más amplios, pero con la suficiente entidad propia como para ser intemporales.

En esta ocasión @Mahernandezpastor me puso el reto de comenzar con la premisa «Aquel fue totalmente diferente a los maratones anteriores…».

¿Quién nos iba a decir en aquel momento que el maratón más duro de nuestras vidas iba a durar más de tres meses?

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Que comience la partida

Una nueva entrega de la antología «Esto lo contamos entre todos», que surgió como una manera de dar voz al subconsciente de todos aquellos que, durante la cuarentena que comenzó el 15 de marzo de 2020, se prestaron a participar en este experimento.

El resultado de ese esfuerzo fue un compendio de cuarenta y cuatro variopintos relatos de diversos géneros —desde comedia o drama, hasta ciencia ficción, realismo mágico o terror—, que crecían y se imbricaban poco a poco, conectándose entre sí para formar un universo complejo y orgánico en torno a los conceptos de pandemia, cuarentena y encierro en sus sentidos más amplios, pero con la suficiente entidad propia como para ser intemporales.

 

La premisa «Vivir sin hacer ruido por miedo al fracaso», propuesta por @Ele.acosta era un indicativo del estado de ánimo por el que muchos estábamos pasando incluso antes de pandemia y que esta solo contribuyó a acentuar.

¿Y tú? ¿Sigues viviendo sin hacer ruido?

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Reflexiones sobre un año muy extraño

Si has llegado hasta aquí, créeme que te lo agradezco, y por eso intentaré ser breve.

Porque no ha sido un año fácil, porque nos ha puesto a prueba en innumerables ocasiones y aquí seguimos, viéndolas venir. Un año cargado de cambios recubiertos de la pátina del estatismo. Una continua paradoja compuesta por trescientos sesenta y cinco «mira, yo qué sé ya».

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Regreso a (mi) futuro

Hacía ya mucho tiempo que no escribía nada en las páginas de esta bitácora electrónica de mi historia creativa.

Cinco meses, señor.

¿Cinco meses ya? Madre mía cómo pasa el tiempo…

Bueno, el caso es que en estos cinco meses no es que haya estado precisamente ocioso, pero creo que merece la pena hace un pequeño resumen y un anticipo de lo que me deparará el futuro.

Si te interesa, atrévete a echar un vistazo…

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Mirando a los ojos del abismo

 Cuando llevas demasiado tiempo siendo arrastrado por la inercia del fracaso, es fácil caer en la desidia. Pierdes incluso las ganas de hacer las cosas que antes te apasionaban.

Inicias cada proyecto nuevo con cierta ilusión, pero con la oscura certeza de que acabará en el limbo de los cuentos inconclusos, en donde terminaron muchos otros.

Una losa más que cargarte a las espaldas.

Otro lazo en el dedo que sirva como recordatorio de tus dudas.

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Paradojas de un escritor en ciernes

La semana pasada volví a publicar en este blog después de más de un mes embarcado en otros proyectos. A pesar de que la publicación en sí fue producto de una desgarradora noticia para el mundo de la música, la motivación que me impulsó a escribir la entrada me hizo plantearme muchas cosas.

Desde hacía mucho tiempo, aunque encontraba muchas cosas que contar, apenas tenía tiempo para desarrollarlas. Y cuando al fin conseguía algo de tiempo, mis energías creativas estaban prácticamente agotadas por otros proyectos que contaré más adelante.

La cuestión es que cuando me sentaba delante de alguna historia sin terminar o algún artículo a medio empezar, era la apatía la que me devolvía la mirada a través de una cortina de polvo y una hoja en gris. Solo entonces me daba cuenta de lo sucia que estaba la pantalla de mi ordenador y me ponía a ordenar la mesa, los apuntes, las libretas, la cama, la ropa sucia, el perro y casi cualquier cosa que me alejase un poco de las teclas y la estilográfica.

¿Será esto a lo que sabe el pánico a la hoja en blanco? ¿Tendré que hacer de la procrastinación mi nueva religión? ¿Al fin el síndrome del impostor me habrá ganado la partida?

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Escribiré el año 2017 en Courier New

Esta es la primera entrada del año 2017 y también la que inaugura una suerte de cuaderno de bitácora de las historias que se cruzarán en mi camino. Más personal pero siempre con tintes de ficción entremezclados en mi peculiar visión del mundo. Un espacio sin demasiadas florituras, donde daré rienda suelta a mi imaginación más allá de las pieles del relato.

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Gracias por un aniversario inolvidable

Hace un año ya que se abrió oficialmente El Tintero Infinito. Hace un año exacto publiqué mi primer relato en este espacio de creatividad y a lo largo de las últimas cincuenta y tres semanas he intentado poner orden en mi particular cajón de sastre de cuentos y reflexiones.

En este tiempo he aprendido y sigo aprendiendo a base de ensayo y error, perdiendo el miedo a equivocarme, a salir al mundo y comenzar a creer que hay un futuro para mí en este fabuloso cosmos de la letra y la palabra, de la imagen y el sonido, de la tinta y el color. En definitiva, el mundo de contar historias y de transmitir emociones de las maneras más dispares.

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El final de mi búsqueda

Los años perforaban mi consciencia como lentas y dolorosas lanzas redentoras, sin poder siquiera vislumbrar el horizonte final de mi pesquisa. Cada gruta que exploraba, cada horror que superaba a costa de mi cordura, me otorgaba tesoros deslumbrantes. Sin embargo, esas alhajas no eran más que máscaras vacías que nublaban mis sentidos y terminaban por traerme más desdichas que fortuna.

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Persiguiendo la entelequia

He quedado con mi amigo Pablo para ponernos al día después de mucho tiempo de no vernos. Ese tipo de reuniones que te sacan de la inercia del día a día, donde recuerdas historias pasadas que coronas con promesas vacías de futuros reencuentros. Sí, exactamente esas citas que anhelas porque te dan la vida, pero se repiten menos de lo que deberían, porque los amigos hay que cuidarlos y parece mentira que seamos tan desastres.

Mi afán de puntualidad ha hecho que llegue demasiado pronto. Aún quedan cuarenta minutos, así que entro en un bar cercano llamado: La cervecería, lo que denota una desbordante imaginación, a la altura del culto a la higiene que profesan los dueños del local. No veo a nadie, por lo que me freno un poco pensando que quizás aún no hayan abierto las puertas al modesto público.

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