Cría cuervos

Cuervo caminando sobre el hielo, para ilustrar el relato Cría cuervos

Puedes ver la imagen original en la cuenta de Flickr de Hamish Irvine.

 

Chester McCorax inspeccionó aquella cáscara de pipa con ceñudo interés, pese a que la miga de pan abandonada, de aspecto mohoso, también le llamaba poderosamente la atención. Finalmente se decidió por la miga, atacándola ávidamente con su pico oscuro y semicurvo.

Tal vez por aquellos fríos lares la vida de los cuervos no tuviese el considerado glamour de las águilas reales ni la afamada sabiduría de los búhos, pero era una vida sencilla y respetable. Chester apreciaba esas cualidades por encima de la mala fama de resentido, agorero y desagradecido. Una losa asociada a sus congéneres desde el principio de los tiempos, y que algún escritorcillo con ínfulas de poeta se había encargado de cincelar para la historia en letras de mármol. Al menos podía congratularse de no haber nacido paloma. Malditas ratas del aire.

Pese a ello, no podía evitar mirar con mal disimulada envidia a los cisnes que se pavoneaban por aquella antigua ciudad de la vieja Europa. Con su elegancia acaparaban todas las migajas de los visitantes, no solo en verano cuando podían desplegar sus encantos, sino también en invierno, una época festiva y gélida cuya melancolía le venía a Chester como anillo al dedo. Por eso no perdía ocasión de poner a prueba la escasa paciencia de los anátidos tirándoles de la cola y arrancándoles, en un despiste, alguna que otra pluma.

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Franz

Un dedo con un lazo, por el día mundial del Alzheimer

Puedes ver la imagen original en la cuenta de Flickr de José Carlos.

 

Franz no era más que un tipo cualquiera, gris y aburrido de la vida, que sentía un profundo vacío. Como si los días no acabasen nunca de estar completos. Días que pasaban sin ser capaz de darle un rumbo a su vida.

Solamente Mona le había completado alguna vez. Pero Mona se había ido para siempre y nunca volvería. Y eso le atormentaba cada noche, al posar su cabeza sobre la almohada e imaginar qué cruel deidad había podido obrar para que ocurriese tal desastre.

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Jubilación en diferido

Abuelo de espaldas para ilustrar el relato jubilación en diferido

Puedes ver la imagen original de portada en el perfil de Flickr de Joan Sorolla.

 

La frente, arada por los surcos de la memoria y abonada por infinitas semillas de conocimiento, estaba enmarcada por un pelo níveo, corona de muchos años de pensamientos, y por unas cejas oscuras como la noche, que parecían peleadas con el resto de su pelo.

Tenía un aspecto abatido, seguramente a causa de aquella mirada perdida en habitaciones lejanas cargadas de recuerdos y de la espalda encorvada por el peso de los años. Pero todo rastro de desánimo se disipaba automáticamente al ver la rejuvenecedora sonrisa de los niños que entraban en aquel establecimiento, acompañados por sus padres.

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