Recuerda que es altamente recomendable acompañar la lectura con la Banda Sonora Opcional que aparece al final de cada relato.

   

Un país de maravillas

Reflejo de una pareja en un tren para ilustrar el relato Un país de maravillas

Puedes ver la imagen original en la cuenta de Flickr de Imati.

 

Los edificios pasaban a su lado de manera vertiginosa, al otro lado del cristal de un tren con destino a la rutina. Un puñado de carcasas para historias de ladrillo y hormigón, cuyo corazón había cambiado tanto con el tiempo, que ya era prácticamente irreconocible. Imposible de identificar con el rictus de su fachada, elegante, vetusta y orgullosa. Justo lo que sentía su alma atormentada.

Grandes edificios de una ciudad que gritaba a los cuatro vientos una identidad difuminada en un millar de culturas, dejaban paso a construcciones nuevas, modernas y de una fealdad insultante.

Grandes edificios de una ciudad que gritaba a los cuatro vientos una identidad difuminada en un millar de culturas, dejaban paso a construcciones nuevas, modernas y de una fealdad insultante. El progreso lo llamaban.

A su lado, Alicia se miraba las uñas como lo haría un chico, pensativa, escuchando alguna canción que le hiciese soñar, ajena muchas veces al mundo que le rodeaba, pero siempre entregada a una causa ajena antes que a la propia. Siempre fue una chica muy especial.

Ches, llevó la mirada desde las casas y oficinas hacia el perfil de Alicia, medio cubierto por su cabello largo y alborotado, y sonrió pensando en las horas de conversación muda, de abrazos y bobadas, muchas veces con una cerveza en la mano. Dos incomprendidos intentando arreglar un mundo incomprensible. Recordó cómo se habían conocido, los buenos y malos momentos y lo que habían aprendido el uno del otro tras tanto tiempo, y su risa se hizo tan intensa como la del gato del cual recibía su nombre, gracias a unos padres con demasiado sentido del humor.

Alicia se giró entonces y sonrió ligeramente desconcertada, como hacía siempre que sus miradas se encontraban, intuyendo ambos el pensamiento del otro, pero sin atreverse nunca a decirlo en voz alta, aunque con los labios ligeramente fruncidos, como meditando si dejar o no salir las palabras. Sin abrir la boca, ella le pasó uno de los auriculares, apoyó la cabeza en su hombro y poco a poco fue quedándose dormida.

 

Un relato de Fernando D. Umpiérrez

 

Banda Sonora Opcional: Pop music of the future – Say Hi (To Your Mom)