El vínculo

 

Floto ingrávida entre sueños inconexos, ajena a cualquier preocupación. Alejada del presente, del pasado y del futuro. Me envuelve por completo una deliciosa sensación de oscura calidez, apenas comparable con cualquier otra que recuerde.

De repente, todo mi universo desaparece con una sacudida que me empuja a través de un agujero de gusano.

Las garras plastificadas de unos gigantes sin rostro me arrancan de mi lóbrego refugio, arrojándome a un mundo gélido y extraño. Tal vez fuese una cárcel sin ventanas, húmeda y angosta, pero era todo lo que conocía. Esa sensación única de seguridad significaba un mundo para mí y ahora se ha esfumado para siempre.

La siguiente sensación es de vértigo absoluto. Un infinito aterrador. Como si toda mi vida hubiese estado inmersa en una nebulosa y, súbitamente, el eterno abismo golpease mis sentidos. Sonidos nunca antes escuchados, olores completamente novedosos. Aturdida, solo soy capaz de gritar, exigiendo sin palabras una explicación satisfactoria.

En lugar de dar respuesta a mis preguntas, me someten a un sinfín de extrañas pruebas. Estudian mis reflejos, mi peso y mis medidas; analizan mi sangre y me aplican sondas con las que escrutar cada orificio de mi cuerpo sin que apenas pueda defenderme. Siempre hablando en un lenguaje indescifrable. Siempre con distante y mecánica desidia.

Tal vez fuese una cárcel sin ventanas, húmeda y angosta, pero era todo lo que conocía. Esa sensación única de seguridad significaba un mundo para mí y ahora se ha esfumado para siempre.

Al fin alguien se apiada de mi alma. Me retira de la fría superficie donde han puesto a prueba mi cordura y cubre mis vergüenzas con un manto áspero e incómodo. Un pobre sustituto de mí añorada calidez.

Después me aleja de los focos cegadores, llevándome hacia un lugar desconocido. Aún tendré que darle gracias por brindarme un poco de descanso. Tal vez sea mejor que se confíe, pues mi sufrimiento no estará exento de venganza.

Tras un corto recorrido por monótonos pasillos, llegamos a una puerta con extrañas marcas en la parte superior. Al abrirla, la imagen que se muestra ante mis ojos me deja sin aliento. Una mujer me mira con ojos cansados desde un lecho inmaculado, haciendo que algo se revuelva en mi memoria.

Mi captor me deposita junto a ella y su olor, sorprendentemente familiar, acalla mis temores al instante. En ese momento soy consciente del vínculo irrompible que mantengo con aquella exhausta criatura y, sin pensarlo, alargo la mano y agarro su pulgar. La calidez que creía perdida para siempre, aparece reflejada en sus ojos anegados de lágrimas, que me miran con infinita ternura. El contacto de su mano me transporta de nuevo a mi oscura nebulosa y los traumáticos sucesos se diluyen poco a poco.

«Felicidades, ha sido niña», son las últimas palabras que flotan en mi mente antes de ocultarse, junto al resto de recuerdos, en algún lugar de mi memoria.

 

Un relato de Fernando D. Umpiérrez

 

Banda Sonora Opcional: Teardrop – Massive Attack

 

Publicado por Fernando D. Umpiérrez

Guionista, escritor, superviviente y tan biólogo como médico el Gran Wyoming. Un soñador empedernido encerrado en el cuerpo de un pragmático redomado. Observador impasible de realidades alternativas. Ahora sobrevivo como guionista de fortuna. Si buscas alguna historia y no la encuentras, quizás puedas contratarme...