Fundido a negro

 

Las luces se atenúan y el blanco de la pantalla contrasta aún más con la penumbra de la sala. Está a punto de comenzar la proyección y ese vacío previo borra de un plumazo mis preocupaciones cotidianas. Este es uno de los pocos lujos que puedo permitirme, pero cada céntimo invertido merece la pena. He tenido una semana de mierda y el pequeño santuario con olor a palomitas siempre me pone de buen humor.

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Némesis

 

Toda tu vida te ha convencido de que no vales para nada y tú lo has creído a pies juntillas.

Intentas expresar tus sentimientos sin tener con quien compartirlos, convencido de ser incapaz de pasar por esto solo. Las esperanzas se muestran esquivas, incapaces de darte la satisfacción de una victoria.

Encuentras nuevos rostros y nuevamente te sientes petrificado, volviendo a los días de pasillos solitarios y horas muertas. De llegar temprano a los sitios para tener algo que esperar en esta vida. Horas tiradas mirando una pared de ladrillos porque, simplemente, no tienes otra maldita cosa que hacer. Pero él siempre está ahí para gritarte: ¿a quién coño necesitas?

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Lucy

 

Lucy siempre había velado por aquellos a los que amaba, guiando sin querer ser guiada, como un faro que evita que los bajeles pierdan el rumbo y encallen por culpa de su propio peso, iluminando sus almas sin iluminarse nunca a sí misma.

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Todos queremos sentirnos infinitos

 

La adolescencia es una fase extraña de la vida, un período en el que vivimos nuevas experiencias que marcarán los pasos hacia el tipo de persona en el que nos convertiremos. Una fase aterradora para muchos, pero que deja tal huella, que muchos nos resistimos a abandonarla.

Siempre he sentido cierta nostalgia por esa adolescencia que recordamos sin haber vivido. Daba igual si venía envuelta con la emocionante búsqueda de un tesoro con el más noble de los fines, si te situaba en la tesitura de qué hacer con un cadáver o si sencillamente te mostraba los problemas habituales de una juventud atormentada. Y daba igual, porque había algo que unía a sus protagonistas y con lo que siempre me sentí identificado.

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Próxima estación

 

Le gustaba y hubiese deseado poder gustarle una milésima parte de lo que ella le deseaba entre sus sábanas.

Con un simple átomo de pasión se conformarían sus jóvenes pero cansados huesos, pues un átomo encerraba en su interior la energía de miles de universos. Un átomo podía crear y destruir mundos con la facilidad de una sonrisa y era capaz de producir reacciones poderosas, si se aplicaba la energía adecuada.

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