La historia de tu vida, de Ted Chiang

 

Diseccionando la Humanidad a través de la palabra

¿Hasta dónde es capaz de llegar la comprensión humana? ¿Cuáles son nuestros límites? ¿Se agotará alguna vez el motor que nos impele a seguir avanzando?

Estas son algunas de las cuestiones que se plantean en esta serie de relatos cortos que giran en torno a nuestra propia naturaleza, nuestros anhelos y nuestros miedos, hilados todos a través de la palabra en el sentido más amplio del término.

En todos los relatos está presente el lenguaje como un ente con carácter propio, ya sea en sentido matemático, celestial, terrenal o extraterrestre. Relacionado con el misticismo o con la propia evolución. Porque las historias recogidas en La historia de tu vida (Ted Chiang, 2015) tienen dos denominadores comunes: la humanidad y la manera que tiene de comunicarse con su entorno, consigo misma, con su pasado y con su futuro.

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Dark Water, de Kôji Suzuki

 

Un descenso a las cloacas de la naturaleza humana

Vidas ordinarias obligadas a enfrentarse a sucesos que pondrán sus realidades del revés. Esa es la base de todas las historias que conforman Dark Water (Kôji Suzuki, 1994), un compendio de relatos donde el agua, base primigenia de la vida, se convierte, aquí, en mensajera del terror en sus más diversas formas.

Una madre soltera y misándrica con una desconfianza patológica hacia el mundo exterior; un misóngino y maltratador psicológico con un retorcido sentido del humor; un marido egoísta e iracundo incapaz de deshacerse de los fantasmas del pasado; un déspota director de teatro. Estas son algunas de las piedras angulares —aunque no siempre los protagonistas— de relatos que llevan la angustia y el terror al fangoso terreno de lo factible.

¿Te atreves a sumergirte en la oscuridad?

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Singularidad. Primera parte. (1/2)

 

Abrí la puerta de la vieja librería, y el sonido de la campanilla me transportó inmediatamente a tiempos tan antiguos como mis recuerdos. Había pasado una vida desde la última vez que crucé el umbral entre la realidad y la fantasía; entre la apatía de una adolescencia tímida y aislada, y la valentía de enfrentarme —aunque fuese como mero espectador— a infinitas aventuras, dramas y misterios.

Cuando el incisivo tañido de aquella guardiana de historias se fue apagando, todo quedó en silencio, como si cualquier sonido quedase amortiguado por el peso del polvo y la memoria. Mis dedos, surcados por los aperos del tiempo, recorrieron el lomo de los cuerpos acostados, leyendo con esfuerzo los nombres de mis antiguos compañeros de batalla. Hacía demasiado tiempo que mis yemas no sentían el agradable tacto del cartón, el cuero y el papel. Sin embargo, recordaba perfectamente las horas que pasé sentado en aquellos pasillos estrechos, descubriendo con asombro los retos a los que debían enfrentarse Ulises, Ahab y compañía.

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¿Quieres mejorar como lector? Pues olvídate de trucos para leer más rápido

 

Dice Robert McKee en su libro El guión, que cualquier teoría sobre los paradigmas y los modelos infalibles de redacción que sirven para alcanzar el éxito comercial es un completo disparate. McKee carga con esta lapidaria frase contra aquellos que, como Syd Field, se empeñaban en reducir la creatividad a una fórmula matemática incuestionable. Una suerte de dogmático manual de instrucciones para triunfar en el séptimo arte, entendiendo por triunfar no el hacer buenas películas, sino millones en taquilla. Convertir el noble oficio de contar historias, en un manual del perfecto vendedor comercial.

Sin duda, Robert McKee es un personaje controvertido con una curiosa manera de exponer su verdad y es ampliamente conocido el enfrentamiento académico que siempre ha mantenido con Field, el otro gurú de la escritura de guiones. No obstante, si conseguimos decantar y neutralizar el veneno de la frase, el mensaje subyacente es una máxima que bien podría aplicarse también a la lectura y a la vida en general.
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Todos queremos sentirnos infinitos

 

La adolescencia es una fase extraña de la vida, un período en el que vivimos nuevas experiencias que marcarán los pasos hacia el tipo de persona en el que nos convertiremos. Una fase aterradora para muchos, pero que deja tal huella, que muchos nos resistimos a abandonarla.

Siempre he sentido cierta nostalgia por esa adolescencia que recordamos sin haber vivido. Daba igual si venía envuelta con la emocionante búsqueda de un tesoro con el más noble de los fines, si te situaba en la tesitura de qué hacer con un cadáver o si sencillamente te mostraba los problemas habituales de una juventud atormentada. Y daba igual, porque había algo que unía a sus protagonistas y con lo que siempre me sentí identificado.

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