Franz

Un dedo con un lazo, por el día mundial del Alzheimer

Puedes ver la imagen original en la cuenta de Flickr de José Carlos.

 

Franz no era más que un tipo cualquiera, gris y aburrido de la vida, que sentía un profundo vacío. Como si los días no acabasen nunca de estar completos. Días que pasaban sin ser capaz de darle un rumbo a su vida.

Solamente Mona le había completado alguna vez. Pero Mona se había ido para siempre y nunca volvería. Y eso le atormentaba cada noche, al posar su cabeza sobre la almohada e imaginar qué cruel deidad había podido obrar para que ocurriese tal desastre.

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Una nana para Ariadna

Carrito en habitación oscura para ilustrar "Una nana para Ariadna"

Puedes ver la imagen original de portada en el perfil de Deviantart de Mateusz Pisarski.

 

Ariadna nació en un mundo de destellos y fachadas. Un mundo de caminos de ida y vuelta, cuyas metas eran siempre artificiales. Fue un regalo divino injustamente rechazado, roto incluso meses antes de nacer, por el desprecio de una madre que siempre antepuso su carrera profesional de pasarela y ficción, a la dicha de ser ejemplo y parte en la vida de una hermosa criatura.

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Causa y efecto

Ilustración para el relato Causa y Efecto (créditos thecreakyattic)

Puedes ver la imagen original de portada en el perfil de Deviantart de Thecreakyattic.

 

Un día frío es todo lo que necesitamos para darnos cuenta de que nuestra vida ha dado un cambio de rumbo. Eres incapaz de discernir si ese incómodo temblor es producto del cambio prematuro de estación o resultado del miedo a lo desconocido. Esa sensación incómoda nos impide concentrarnos y nos invoca a recapacitar en un instante, sobre todos los pasos realizados a lo largo de nuestra vida.

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Paradójica actitud

Banco en el parque para ilustrar el relato Paradójica actitud

Puedes ver la imagen original de portada en el perfil de Flickr de José M. Vazquez
(A quien le agradezco profundamente su participación).

 

ALFA

Andrea se sentaba cada día a tomar su pieza de fruta en un banco cercano a la facultad. Necesitaba esta rutina para mantenerse serena el resto del día. No importaba qué fruta fuese, siempre que fuese fruta, en ese banco y sin compañía; formaba parte de ella y por algún absurdo motivo le hacía sentirse especial. Aquel era su rincón oculto y personal. Daba igual si hacía frío o calor, si había tenido un día pésimo o si se habían vuelto a reír de ella. Era su momento y nada podría estropearlo.

Un día, dirigiéndose ansiosa a su edén entre el asfalto, observó una figura lejana que fue tomando forma mientras se acercaba. Parecía un muchacho y… ¡Oh Dios mío, estaba sentado justo en su banco! No podía ser, aquel banco estaba en la parte trasera de la facultad, raído por los años y la falta de uso; nadie lo usaba excepto ella.

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