No mires atrás

 

El centro era pulcro, minimalista y espacioso. Transmitía inmensidad y confianza. El joven recepcionista me recibió con una amplia y bien estudiada sonrisa. Luego me entregó una enorme cantidad de impresos sujetos auna tablilla plástica y me indicó unos asientos de manera mecánica.

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Al principio, aquel enigmático anuncio de periódico me había caído como una bendición. Ya había participado en otros estudios sociológicos y cosas por el estilo, pero lo que pagaba aquella gente era desorbitado. Y solo por veinticuatro horas de mi tiempo. Tampoco es que yo sirviese para otra cosa, y la alternativa era pasar el día mirando el techo.

Este puto gotero suena como campanadas de nochevieja. No es normal. Estos cabrones quieren volverte loco, no te dejes amedrentar…

Había demasiada información en aquellos folios sintéticos, mucha de ella incomprensible. Pero bueno, era un ensayo clínico. Estaba tan acostumbrado a toda aquella parafernalia que ya ni la leía. Solo necesitaba pensar en el dinero.

Para distraerme, comencé a juguetear con mi moneda de la suerte. Siempre me fascinaron los juegos de prestidigitación y había empleado muchas horas en perfeccionar la técnica.

—¿Has terminado ya? —Al levantar la vista, la sonrisa artificial me escudriñaba desde las alturas, paciente e implacable.

—¿Cómo? ¡Ah, sí! Perdona, aquí tienes.

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Ilusiones preferentes. Primera parte. (1/2)

 

Tengo algo entre los dientes, lo sé. No consigo notarlo con la lengua, pero seguro que tengo algo entre los dientes. Si no, ¿por qué la nueva secretaria me iba a mirar con esa cara de asco? Joder, dónde coño estás maldito hijo de-

—Ha llegado su visita de las cinco, señor Bielsa—. Casi se me sale el corazón por la boca al ver la diminuta proyección virtual de mi secretaria, de pie sobre la mesa.

—Gracias, preciosa. Hazle pasar. Y te he dicho que me llames Juanmi, ya sabes, para que haya buen rollo.

—En seguida le paso, señor.

—Otra cosita, querida. ¿Te importa traerme un holoespejo?

—Ahora mismo, señor.

A esta chica le queda mucho por aprender si quiere llegar a ser más que una simple secretaria. Menos mal que no la ha cagado de momento, porque con ese carácter que tiene y lo poco arregladita que va, no sé cómo pasó las entrevistas. La anterior por lo menos tenía un buen par de tetas.

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¿De verdad es tan importante tener razón?

 

Reza una frase del tragicómico humorista Louis C. K.:

«Cuando alguien te dice que no le has herido, no puedes decidir que no lo has hecho»

A priori, esta frase destila un gran sentido común, pues el peso del daño, especialmente el daño emocional, recae siempre en el receptor y el emisor no tiene —o no debería tener— la potestad para decidir de manera unilateral, sobre el grado de dolor, de mal o de bien que ha ocasionado con sus actos. Lo único que puede hacer es acarrear con las consecuencias.

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Serendipia

 

Hoy les traigo un relato muy especial para mí. Fue el primer intento de escribir una novela que recuerdo y el culpable de las innumerables horas muertas que pasé en la cafetería de mi facultad con un lápiz y una libreta.

Finalmente deseché el proyecto tras meses de frustración, así que quedó olvidado en un cajón. Serendipia no es más que el comienzo de aquel proyecto olvidado, reconvertido en relato corto. Espero que les guste.

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Al fondo a la derecha

 

Aquella figura, que le devolvía la mirada desde el escaparate del Café de las almas perdidas, le era completamente ajena. No recordaba exactamente cuándo había comenzado a renegar de su cruel anatomía, oponiéndose a la resignación de aceptar el resultado de unos dados que nunca le habían dejado lanzar.

Con un profundo suspiro, proyectó toda la rabia contenida hacia el desconocido reflejo, cubriéndolo con una agradecida nebulosa de vaho, y se dispuso a entrar en aquella cafetería con nombre de película francesa. No tardó en localizar a su madre al fondo del establecimiento, sentada en la misma mesa donde la esperaba todos los días a las cinco de la tarde.

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Cría cuervos

 

Chester McCorax inspeccionó aquella cáscara de pipa con ceñudo interés, pese a que la miga de pan abandonada, de aspecto mohoso, también le llamaba poderosamente la atención. Finalmente se decidió por la miga, atacándola ávidamente con su pico oscuro y semicurvo.

Tal vez por aquellos fríos lares la vida de los cuervos no tuviese el considerado glamour de las águilas reales ni la afamada sabiduría de los búhos, pero era una vida sencilla y respetable. Chester apreciaba esas cualidades por encima de la mala fama de resentido, agorero y desagradecido. Una losa asociada a sus congéneres desde el principio de los tiempos, y que algún escritorcillo con ínfulas de poeta se había encargado de cincelar para la historia en letras de mármol. Al menos podía congratularse de no haber nacido paloma. Malditas ratas del aire.

Pese a ello, no podía evitar mirar con mal disimulada envidia a los cisnes que se pavoneaban por aquella antigua ciudad de la vieja Europa. Con su elegancia acaparaban todas las migajas de los visitantes, no solo en verano cuando podían desplegar sus encantos, sino también en invierno, una época festiva y gélida cuya melancolía le venía a Chester como anillo al dedo. Por eso no perdía ocasión de poner a prueba la escasa paciencia de los anátidos tirándoles de la cola y arrancándoles, en un despiste, alguna que otra pluma.

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La ventana (Especial Halloween)

 

La noche de los difuntos está cerca, Halloween se respira por las calles y las brujas están poniendo a punto sus escobas. ¿Qué mejor para celebrarlo que un pequeño y atípico relato de terror?

Hoy les traigo una historia sobre un miedo más real y cercano de lo que parece, especialmente dedicada a aquellos amantes de pasar un poco de angustia en esta fecha tan señalada. Espero que este cuento no les deje indiferentes.

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Un viaje sin retorno

 

El domingo pasado mi corazón quedó hecho pedazos, pero de sus restos surgió algo mejor y necesitaba contarlo de manera cruda y directa, despojado de las pieles del relato.

Todo comenzó poco antes de las ocho y media, cuando encendí el televisor para poder ver el estreno de Astral, aquel documental de Salvados que tanto habían anunciado, sobre la labor que ProActiva Open Arms está realizando en el Mediterráneo para salvar de una muerte segura a quienes se juegan la vida día tras día en busca de una vida mejor. Por si esto fuera poco, a este reportaje le siguieron otros dos, sobre los refugiados sirios en Jordania, y sobre los inmigrantes que tratan de cruzar la valla de Melilla, por lo que la noche se prometía intensa.

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Franz

 

Franz no era más que un tipo cualquiera, gris y aburrido de la vida, que sentía un profundo vacío. Como si los días no acabasen nunca de estar completos. Días que pasaban sin ser capaz de darle un rumbo a su vida.

Solamente Mona le había completado alguna vez. Pero Mona se había ido para siempre y nunca volvería. Y eso le atormentaba cada noche, al posar su cabeza sobre la almohada e imaginar qué cruel deidad había podido obrar para que ocurriese tal desastre.

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