No mires atrás

 

El centro era pulcro, minimalista y espacioso. Transmitía inmensidad y confianza. El joven recepcionista me recibió con una amplia y bien estudiada sonrisa. Luego me entregó una enorme cantidad de impresos sujetos auna tablilla plástica y me indicó unos asientos de manera mecánica.

“¿Desea obtener enormes beneficios sin apenas mover un dedo?”
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Al principio, aquel enigmático anuncio de periódico me había caído como una bendición. Ya había participado en otros estudios sociológicos y cosas por el estilo, pero lo que pagaba aquella gente era desorbitado. Y solo por veinticuatro horas de mi tiempo. Tampoco es que yo sirviese para otra cosa, y la alternativa era pasar el día mirando el techo.

Este puto gotero suena como campanadas de nochevieja. No es normal. Estos cabrones quieren volverte loco, no te dejes amedrentar…

Había demasiada información en aquellos folios sintéticos, mucha de ella incomprensible. Pero bueno, era un ensayo clínico. Estaba tan acostumbrado a toda aquella parafernalia que ya ni la leía. Solo necesitaba pensar en el dinero.

Para distraerme, comencé a juguetear con mi moneda de la suerte. Siempre me fascinaron los juegos de prestidigitación y había empleado muchas horas en perfeccionar la técnica.

—¿Has terminado ya? —Al levantar la vista, la sonrisa artificial me escudriñaba desde las alturas, paciente e implacable.

—¿Cómo? ¡Ah, sí! Perdona, aquí tienes.

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