Calcetines desparejados

¿Qué sería de nosotros sin los recuerdos? Esas imágenes que acuden a nuestra mente en la quietud de una habitación oscura, cuando la ciudad duerme y parece que hasta el mismísimo Morfeo contiene la respiración en una esquina con tal de no despertarnos.

Existen imágenes y recuerdos que quedan grabados para siempre en la retina. Personas que eres incapaz de olvidar, que te marcan a fuego, revolviendo para siempre tu conciencia. Y es en esos momentos de oscura calma cuando todos los recuerdos se activan. La almohada tiene un curioso efecto catalizador que aviva hasta el rescoldo más profundo, haciéndonos rememorar experiencias que durante el día permanecen agazapadas, como criaturas adormecidas en un rinconcito de nuestro cerebro.

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Alas marchitas

 

No conseguía concebir el sueño, aunque fuese intranquilo. Su lecho no era más que un remolino de sábanas llameantes envolviendo un cuerpo cansado, crecido a destiempo y que en breves momentos había cometido la osadía de creerse conocedor de los misterios de la raza humana. Toda la habitación daba vueltas en una espiral que le empujaba hacia el lado más oculto de su psique, golpeando sus pilares, escupiéndole preguntas y amenazando con no permitirle un segundo de ignorante felicidad.

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Desafía mi universo

Pasos en una oscuridad infinita. Granos de tiempo acariciándome suavemente la planta de los pies, apremiándome, sin conseguirlo, a que acompase mis movimientos al mundo, a mis aspiraciones.

Yo ralentizo el ritmo con una mezcla de diversión y desafío en el paladar, a sabiendas de que se enfadará conmigo. Porque la Dama Tiempo no gusta del humor si no es ella quien lo controla y decide cuándo empieza, cuando termina y cuando aparece con su dulce ironía.

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Oruga

Estaba abatido en aquellos escalones cuando apareciste, con tu enorme sonrisa y un pastel de chocolate en la mano, dispuesta a sentarte justo encima de mí. Casi me aplastas, pero te percataste de mi existencia cuando ya había desistido de entender a la raza humana. Estaba anonadado con aquella mirada curiosa y penetrante que me observaba desde las alturas. Era difícil aceptar mi condición de oruga cuando, normalmente, nadie quería cruzarse con una.

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Aikido. Fuerza y armonía

El horizonte se torna difuso cuando los ojos se impregnan por las gotas de sudor que perlan su frente y emborronan su mirada.

Las rodillas crepitan, como troncos en la chimenea de una casa durante el invierno, y se quejan por un esfuerzo no buscado, mientras nota cómo manchas púrpuras de sufrimiento tiñen la piel de muslos y muñecas.

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Otro año más…
Especial Navidad

El Tintero Infinito les desea… ¡Feliz navidad!

Se sentó cerca del calor que emanaba aquella calidez prestada, enjugándose el sudor por el esfuerzo. Ya estaba demasiado viejo y demasiado gordo para aquel trabajo, pero había firmado un contrato que debía de cumplir, fuesen cuales fuesen las abusivas cláusulas que contenía.

Cuando hubo recuperado el aliento, desplegó el mapa que, junto con una lista interminable, le había vendido aquel condenado canijo verde de mirada turbia, y trató de orientarse con las referencias que veía a su alrededor. Los últimos tres puntos de entrega le habían estado extrañamente vetados, sin apenas indicadores y con estrellas que no casaban con los estándares que estipulaba claramente el concordato. Empezaba a darse cuenta de que había sido víctima del timo más antiguo y su principal enemigo por fin se haría con la victoria. Por suerte, más sabe el diablo por viejo que por diablo y aún le quedaban algunos ases bajo su gruesa y acolchada manga.

Sacó un móvil del bolsillo forrado de borreguillo y accedió a la agenda sincronizada con la nube. Dio un tono, luego otro y finalmente saltó el contestador.

– Ha llamado usted al teléfono de Balt…– Colgó maldiciendo su suerte y volvió a echarle un vistazo al siguiente nombre de la lista – ¿Abraham Kauffmann? – Leyó incrédulo. Aquella iba a ser una noche especialmente larga.

 

Un microcuento de Navidad de Fernando D. Umpiérrez

 

Banda Sonora Opcional: The season’s upon us – Dropkick Murphys

Próxima estación

 

Le gustaba y hubiese deseado poder gustarle una milésima parte de lo que ella le deseaba entre sus sábanas.

Con un simple átomo de pasión se conformarían sus jóvenes pero cansados huesos, pues un átomo encerraba en su interior la energía de miles de universos. Un átomo podía crear y destruir mundos con la facilidad de una sonrisa y era capaz de producir reacciones poderosas, si se aplicaba la energía adecuada.

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Déjate llevar por la corriente

La marca zigzagueante que recorría aquel paisaje lleno de vitales y hermosos contrastes, era el fiel reflejo de la magia que albergaba en sus profundidades.
Pocas veces me habían tocado el alma de manera tan contundente y a la vez tan gradual. Desde la desembocadura hasta la fuente, aquel sinuoso río te marcaba, no como una explosión que te dejase sin aliento, sino como la erosión que su caudal producía en la dura roca; poco a poco pero sin descanso. Una vez que conseguía abrirse paso a través de tu coraza, quedabas irremediablemente marcado para siempre.

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