Una década por venir

En diez años te pueden pasar infinitas vidas por delante. Pocas de ellas serás capaz de rozarlas con los dedos, aunque algunas te atropellarán como el tren de mercancías de un thriller de los Noventa.

Los Noventa, qué lejos quedan ya, y a la vez siempre presentes en forma de canciones, de melancolía y de una nostalgia por un tiempo pretérito imperfecto, sobredimensionado a base de recuerdos borrosos y prestados.

La última década comenzó con la incertidumbre y el miedo a una crisis que robó planes de futuro y madurez a toda una generación, a la que luego se le exige abandonar el complejo de Peter Pan.

A mí me pilló en Barcelona, con el corazón dando tumbos y desgastándose a base de abrazos infinitos y noches etílicas que inspiraban relatos clandestinos, gusanos de tinta encerrados demasiado tiempo en una caja de cartón, hasta transformarse al fin en mariposas de electrones.

La vida era sencilla por ser la gran incógnita que nadie quería despejar en la ecuación de una adolescencia tardía.

Cuando eres incapaz de vislumbrar un futuro, a veces ese futuro te alcanza de manera inesperada y sin dejarte escapatoria. Un futuro de naipes con la consistencia del queso fundido. Aun así, te aferras a él con uñas y dientes, poniéndote tu mejor traje y vistiendo buena cara mientras le ves desmoronarse. Y claro que se desmorona: nada construido sobre una base de harina cenagosa está pensado para perdurar, especialmente cuando intercede la mano de un Brutus de medio pelo.

Porque una década da para más traiciones de las que uno pensaría que podría encajar, de toda índole y en todos los ámbitos. Algunas son asumibles y conllevan una enseñanza de futuro que de otra forma sería incapaz de perfundir en la corteza de nuestro obtuso raciocinio. Otras son simplemente previsibles, como el punto de giro de guionista perezoso. Pero algunas son especialmente lacerantes por inesperadas en contenido y continente.

Supongo que para eso se inventó el Noveno Círculo.

Por desgracia, la inmensa mayoría de esas felonías son indefectibles y solo queda encajar el golpe, reconstruir tus pedazos rotos con un celo de baldosas amarillas, y rezar porque, algún día, el mago cabezón te conceda el don de entender la moraleja.

Diez años dan para muchos recuerdos y enseñanzas, pero se pueden convertir en veinte si pasas la mitad en aislamiento. Si no, pregúntale a los reos.

A base de una década de vivir a la intemperie emocional los contornos se desdibujan y tratar de protegerlos con plastrones oxidados es una gesta tan ingrata como inevitable.

Lo bueno de las piedras del camino es que, si doblas las rodillas y mantienes la espalda recta, te servirán para construir una escalera con la que alcanzar el otro lado del Gran Muro. Y si no tienes tanta fuerza, al menos podrás formar una flecha que te indique por dónde bordearlo.

A mí me permitió conocer el amor y perderlo para siempre; aprender a escalar en mi memoria y recuperar la pasión por la escritura, lamerme las heridas y tomar un rumbo que de otra manera jamás me hubiese atrevido a transitar.

Diez años dan para construir un Gran Muro de recuerdos, pero nunca hay que olvidar colocarle una ventana. Un pequeño hueco a través del cual vislumbrar las maravillas de un destino inescrutable.

Porque diez años son una década de lecciones aprendidas. Una pista de recuerdos con la que tomar la suficiente carrerilla para lanzarte al espléndido futuro por venir.

Feliz año. Feliz década. Feliz futuro.

Una reflexión de Fernando D. Umpiérrez

Banda Sonora Opcional: El meu lament – Ferrán Palau

Mirando a los ojos del abismo

 Cuando llevas demasiado tiempo siendo arrastrado por la inercia del fracaso, es fácil caer en la desidia. Pierdes incluso las ganas de hacer las cosas que antes te apasionaban.

Inicias cada proyecto nuevo con cierta ilusión, pero con la oscura certeza de que acabará en el limbo de los cuentos inconclusos, en donde terminaron muchos otros.

Una losa más que cargarte a las espaldas.

Otro lazo en el dedo que sirva como recordatorio de tus dudas.

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¿De verdad es tan importante tener razón?

Reza una frase del tragicómico humorista Louis C. K.:

«Cuando alguien te dice que no le has herido, no puedes decidir que no lo has hecho»

A priori, esta frase destila un gran sentido común, pues el peso del daño, especialmente el daño emocional, recae siempre en el receptor y el emisor no tiene —o no debería tener— la potestad para decidir de manera unilateral, sobre el grado de dolor, de mal o de bien que ha ocasionado con sus actos. Lo único que puede hacer es acarrear con las consecuencias.

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¡El Tintero Infinito se va de vacaciones navideñas!

El Tintero Infinito y un servidor, nos tomamos unas merecidas vacaciones. El 2017 estará cargado de buenas perspectivas y de muchas novedades, y para todo lo que se avecina hace falta coger fuerzas.

Espero regresar pronto con nuevos relatos, nuevas reflexiones y *novedad* un diario de bitácora de mis próximas aventuras lejos de mi tierra natal, en busca de un futuro en esto de contar historias.

Solo me queda desearles unas felices fiestas, un inicio de año inmejorable y muchas y muy buenas lecturas.

Pero sobretodo, que el 2017 nos traiga coraje para dejar a un lado los miedos que nos lastran, determinación para iniciar los proyectos que tanto tiempo nos hemos dejado en el tintero y fuerza para no renunciar a nuestros sueños cuando las cosas se pongan difíciles.

¡Hasta el año que viene!

Gracias por un aniversario inolvidable

Hace un año ya que se abrió oficialmente El Tintero Infinito. Hace un año exacto publiqué mi primer relato en este espacio de creatividad y a lo largo de las últimas cincuenta y tres semanas he intentado poner orden en mi particular cajón de sastre de cuentos y reflexiones.

En este tiempo he aprendido y sigo aprendiendo a base de ensayo y error, perdiendo el miedo a equivocarme, a salir al mundo y comenzar a creer que hay un futuro para mí en este fabuloso cosmos de la letra y la palabra, de la imagen y el sonido, de la tinta y el color. En definitiva, el mundo de contar historias y de transmitir emociones de las maneras más dispares.

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Bofetadas de vacío inmaculado

Delante del blanco telón de mi futuro trato de convertir recuerdos en delirantes fantasías.

Las letras bailan incesantes, mientras el peso de granos invisibles, pero grandes como piedras, me recuerda que la vida huye lentamente por un desagüe de clichés y vanas esperanzas, presa de la monotonía encerrada entre cuatro paredes incapaces de dictar un rumbo definido.

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Misiva para un futuro escritor

Mi vida no es lo suficiente interesante para relatarla sin la fermentada inhibición de una fría cerveza entre las manos. Sin embargo, llevo un tiempo queriendo compartir una reflexión.

Siento alejarme momentáneamente de la dinámica del blog, pero necesitaba poner en contexto mi experiencia. Hacer partícipe al lector de mi literario desahogo.

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Todos los complejos son inicios

 

Este juego de palabras, que podría resultar un tanto tosco (todos los inicios complejos son complejos inicios), tiene para mí un poderoso significado, ya que explica un viaje que muchos repiten como un dogma hoy en día (el de emprender en sentido amplio), sin ser conscientes de las barreras que hay que romper a nivel personal ni de las secuelas que se producen cuando esa aventura no sale como esperábamos. Sin embargo, caer a veces desemboca en una catarsis que nos hace mejorar y querer volver a levantarnos con más fuerza.

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