Publicado por Fernando D. Umpiérrez

Entre acordes y palabras – Banda Sonora Opcional

Pluma sobre partitura para ilustrar el texto de la banda sonora de El Tintero Infinito

Puedes ver la imagen original en la cuenta de Flickr de Mark Menzies.

 

Hoy no vengo a contarles ninguna historia. Hoy les traigo algo sin lo que mis historias quedarían un poco huérfanas.

Aquellos que siguen el blog desde hace un tiempo —y los que me conocen desde hace más aún— saben el importante papel que juega la música en mi vida. Cada momento importante ha tenido siempre una banda sonora asociada. Unos acordes que complementaban mi estado de ánimo en cada circunstancia, que grababan a fuego sentimientos y momentos especiales,  tristes o felices, pero siempre inolvidables. Recuerdo hacer recopilatorios de música en un patético intento de declarar amores imposibles; ver Alta Fidelidad pegado a la pantalla sintiéndome absolutamente identificado con el personaje de John Cusack, al menos en lo que a música se refería —el trauma de aquel hombre con las mujeres merecería un post enterito para él solo—, y ser incapaz de concebir la vida sin unos auriculares que añadían acordes a mis pasos, textos, viajes y deseos.

Cuando comencé a recopilar mis historias en este blog sabía que no estarían completas si no le añadía una banda sonora a cada una — aunque luego cada cual eligiese si escucharla o no— puesto que yo no era nada sin mi música, y mis relatos eran una extensión de mi persona. ¿Cómo darle la espalda a la música cuando ella formaba una parte indivisible de mi historia?

A lo largo de este escaso año y medio he procurado complementar cada historia con una canción que tuviese una relación más o menos estrecha con ella. A veces la música se asociaba al momento de escribir el relato; otras, su letra ayudaba a entender el significado subyacente; algunas veces simplemente tenían un título que servía de hilo conductor de mis pensamientos, pero en la mayoría de las ocasiones existía una profunda conexión entre la canción y la persona, recuerdo, o tema que la inspiró en primer lugar.

Sea como fuere, ninguna de las canciones elegidas ha sido una elección caprichosa o producto del azar, y por eso me parecía importante recogerlas todas en un mismo lugar, sirviendo de recipiente sensorial de mis locuras.

Es divertido tenerlas todas juntas y ver lo dispares que son unas de otras, releer los relatos que tienen asociados, volver a asociarlos con las imágenes que las acompañan —ese es otro tema que daría para una entrada completa—, recordar la realidad que se esconde detrás de la ficción y revivir los mágicos y solitarios momentos de creación literaria.

Si bien no está toda la música que me representa —sería complicado que los lectores se concentrasen en un relato mientras suena el I’m broken de Pantera o el Killing in the name, de Rage Against The Machine— sí que me representa toda la música que está, que es mucha y muy variada. He procurado evitar, en la medida de lo posible, repetir artistas —salvo en el caso de Mondo Diavolo por motivos evidentes— y buscar versiones que ayudasen a seguir el hilo de la historia y no incomodase demasiado la lectura. Lo primero ha sido una labor titánica; esto último lo he conseguido a duras penas.

En cualquier caso, espero que disfrutes tanto como yo de esta lista de Spotify, que irá creciendo poco a poco, con el devenir de los textos.

Ojalá que tus pasos sigan siempre el compás de tus canciones favoritas.

 

Mirando a los ojos del abismo

Los miedos a los que nos enfrentamos a diario pueden hacernos caer fácilmente en un abismo.

Puedes ver la imagen original en la cuenta de Flickr de Petras Gagilas.

 

Cuando llevas demasiado tiempo siendo arrastrado por la inercia del fracaso, es fácil caer en la desidia. Pierdes incluso las ganas de hacer las cosas que antes te apasionaban.

Inicias cada proyecto nuevo con cierta ilusión, pero con la oscura certeza de que acabará en el limbo de los cuentos inconclusos, en donde terminaron muchos otros.

Una losa más que cargarte a las espaldas.

Otro lazo en el dedo que sirva como recordatorio de tus dudas.
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Ilusiones preferentes. Segunda parte. (2/2)

Imagen solarizada de moneda con la palabra "Liberty" para ilustrar Ilusiones preferentes.

Puedes ver la imagen original en la cuenta de Flickr de Ray Nelson.

 

¿Y si pudieses hipotecar tus sueños a cambio de hacerlos realidad?

Aquí les dejo el desenlace del relato Ilusiones preferentes. Si ya leíste de la primera parte, te animo a descubrir el final de la historia. Si no, ¿A qué estás esperando? (No digas que no te lo advertí)

Ir a la primera parte

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Ilusiones preferentes. Primera parte. (1/2)

Imagen de moneda con la palabra "Liberty" para ilustrar Ilusiones preferentes

Puedes ver la imagen original en la cuenta de Flickr de Ray Nelson.

 

Tengo algo entre los dientes, lo sé. No consigo notarlo con la lengua, pero seguro que tengo algo entre los dientes. Si no, ¿por qué la nueva secretaria me iba a mirar con esa cara de asco? Joder, dónde coño estás maldito hijo de-

—Ha llegado su visita de las cinco, señor Bielsa—. Casi se me sale el corazón por la boca al ver la diminuta proyección virtual de mi secretaria, de pie sobre la mesa.

—Gracias, preciosa. Hazle pasar. Y te he dicho que me llames Juanmi, ya sabes, para que haya buen rollo.

—En seguida le paso, señor.

—Otra cosita, querida. ¿Te importa traerme un holoespejo?

—Ahora mismo, señor.

A esta chica le queda mucho por aprender si quiere llegar a ser más que una simple secretaria. Menos mal que no la ha cagado de momento, porque con ese carácter que tiene y lo poco arregladita que va, no sé cómo pasó las entrevistas. La anterior por lo menos tenía un buen par de tetas.

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Paradojas de un escritor en ciernes

No siempre hay una elección corrercta en el cruce de caminos que es contar historias

Puedes ver la imagen original en la cuenta de Flickr de Randy Heinitz.

 

La semana pasada volví a publicar en este blog después de más de un mes embarcado en otros proyectos. A pesar de que la publicación en sí fue producto de una desgarradora noticia para el mundo de la música, la motivación que me impulsó a escribir la entrada me hizo plantearme muchas cosas.

Desde hacía mucho tiempo, aunque encontraba muchas cosas que contar, apenas tenía tiempo para desarrollarlas. Y cuando al fin conseguía algo de tiempo, mis energías creativas estaban prácticamente agotadas por otros proyectos que contaré más adelante.

La cuestión es que cuando me sentaba delante de alguna historia sin terminar o algún artículo a medio empezar, era la apatía la que me devolvía la mirada a través de una cortina de polvo y una hoja en gris. Solo entonces me daba cuenta de lo sucia que estaba la pantalla de mi ordenador y me ponía a ordenar la mesa, los apuntes, las libretas, la cama, la ropa sucia, el perro y casi cualquier cosa que me alejase un poco de las teclas y la estilográfica.

¿Será esto a lo que sabe el pánico a la hoja en blanco? ¿Tendré que hacer de la procrastinación mi nueva religión? ¿Al fin el síndrome del impostor me habrá ganado la partida?

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Buen viaje, señor Chris Cornell

Foto de Chris Cornell

Puedes ver la imagen original en la cuenta de Flickr de Josh Jensen.

 

Recuerdo vivamente los días de verano, los más especiales que puede tener un adolescente. Aquel último día de exámenes que anunciaba el comienzo de la libertad por tiempo limitado. A veces duraba un suspiro porque las cosas no habían ido como esperaba. Otras se prolongaban hasta el comienzo del nuevo curso.

En esos días, año tras año, tenía un ritual. Al salir del último examen me ponía los auriculares y me alejaba lentamente, sin hablar con nadie, en un limbo de estados encontrados, hasta que los primeros acordes del My wave de Soundgarden me recordaban que no debía de preocuparme por absolutamente nada. El verano era real y tomaba forma de sonrisa, mientras el mundo desaparecía a mi alrededor.
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La historia de tu vida, de Ted Chiang

Imagen de portada del libro de Ted Chiang, La historia de tu vida

Portada de La historia de tu vida, un libro de Ted Chiang.

 

Diseccionando la Humanidad a través de la palabra

¿Hasta dónde es capaz de llegar la comprensión humana? ¿Cuáles son nuestros límites? ¿Se agotará alguna vez el motor que nos impele a seguir avanzando?

Estas son algunas de las cuestiones que se plantean en esta serie de relatos cortos que giran en torno a nuestra propia naturaleza, nuestros anhelos y nuestros miedos, hilados todos a través de la palabra en el sentido más amplio del término.

En todos los relatos está presente el lenguaje como un ente con carácter propio, ya sea en sentido matemático, celestial, terrenal o extraterrestre. Relacionado con el misticismo o con la propia evolución. Porque las historias recogidas en La historia de tu vida (Ted Chiang, 2015) tienen dos denominadores comunes: la humanidad y la manera que tiene de comunicarse con su entorno, consigo misma, con su pasado y con su futuro.

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¿De verdad es tan importante tener razón?

Imagen de máscaras venecianas para ilustrar un texto sobre los peligros de empearse en tener razón

Puedes ver la imagen original en la cuenta de Flickr de Hartwig HKD.

 

Reza una frase del tragicómico humorista Louis C. K.:

«Cuando alguien te dice que no le has herido, no puedes decidir que no lo has hecho»

A priori, esta frase destila un gran sentido común, pues el peso del daño, especialmente el daño emocional, recae siempre en el receptor y el emisor no tiene —o no debería tener— la potestad para decidir de manera unilateral, sobre el grado de dolor, de mal o de bien que ha ocasionado con sus actos. Lo único que puede hacer es acarrear con las consecuencias.

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Serendipia

Hombre en callejón en ruinas para el relato serendipia

Esta imagen es una combinación entre dos imágenes originales, propiedad de Olli Homann y Mirøslav Hristøff, respectivamente.

 

Hoy les traigo un relato muy especial para mí. Fue el primer intento de escribir una novela que recuerdo y el culpable de las innumerables horas muertas que pasé en la cafetería de mi facultad con un lápiz y una libreta.

Finalmente deseché el proyecto tras meses de frustración, así que quedó olvidado en un cajón. Serendipia no es más que el comienzo de aquel proyecto olvidado, reconvertido en relato corto. Espero que les guste.

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Dark Water, de Kôji Suzuki

Imagen de portada del libro de Kôji Suzuki, Dark Water

Portada de Dark Water, un libro de Kôji Suzuki.

 

Un descenso a las cloacas de la naturaleza humana

Vidas ordinarias obligadas a enfrentarse a sucesos que pondrán sus realidades del revés. Esa es la base de todas las historias que conforman Dark Water (Kôji Suzuki, 1994), un compendio de relatos donde el agua, base primigenia de la vida, se convierte, aquí, en mensajera del terror en sus más diversas formas.

Una madre soltera y misándrica con una desconfianza patológica hacia el mundo exterior; un misóngino y maltratador psicológico con un retorcido sentido del humor; un marido egoísta e iracundo incapaz de deshacerse de los fantasmas del pasado; un déspota director de teatro. Estas son algunas de las piedras angulares —aunque no siempre los protagonistas— de relatos que llevan la angustia y el terror al fangoso terreno de lo factible.

¿Te atreves a sumergirte en la oscuridad?

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