Publicado por Fernando D. Umpiérrez

Buen viaje, señor Chris Cornell

Foto de Chris Cornell

Puedes ver la imagen original en la cuenta de Flickr de Josh Jensen.

 

Recuerdo vivamente los días de verano, los más especiales que puede tener un adolescente. Aquel último día de exámenes que anunciaba el comienzo de la libertad por tiempo limitado. A veces duraba un suspiro porque las cosas no habían ido como esperaba. Otras se prolongaban hasta el comienzo del nuevo curso.

En esos días, año tras año, tenía un ritual. Al salir del último examen me ponía los auriculares y me alejaba lentamente, sin hablar con nadie, en un limbo de estados encontrados, hasta que los primeros acordes del My wave de Soundgarden me recordaban que no debía de preocuparme por absolutamente nada. El verano era real y tomaba forma de sonrisa, mientras el mundo desaparecía a mi alrededor.
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La historia de tu vida, de Ted Chiang

Imagen de portada del libro de Ted Chiang, La historia de tu vida

Portada de La historia de tu vida, un libro de Ted Chiang.

 

Diseccionando la Humanidad a través de la palabra

¿Hasta dónde es capaz de llegar la comprensión humana? ¿Cuáles son nuestros límites? ¿Se agotará alguna vez el motor que nos impele a seguir avanzando?

Estas son algunas de las cuestiones que se plantean en esta serie de relatos cortos que giran en torno a nuestra propia naturaleza, nuestros anhelos y nuestros miedos, hilados todos a través de la palabra en el sentido más amplio del término.

En todos los relatos está presente el lenguaje como un ente con carácter propio, ya sea en sentido matemático, celestial, terrenal o extraterrestre. Relacionado con el misticismo o con la propia evolución. Porque las historias recogidas en La historia de tu vida (Ted Chiang, 2015) tienen dos denominadores comunes: la humanidad y la manera que tiene de comunicarse con su entorno, consigo misma, con su pasado y con su futuro.

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¿De verdad es tan importante tener razón?

Imagen de máscaras venecianas para ilustrar un texto sobre los peligros de empearse en tener razón

Puedes ver la imagen original en la cuenta de Flickr de Hartwig HKD.

 

Reza una frase del tragicómico humorista Louis C. K.:

«Cuando alguien te dice que no le has herido, no puedes decidir que no lo has hecho»

A priori, esta frase destila un gran sentido común, pues el peso del daño, especialmente el daño emocional, recae siempre en el receptor y el emisor no tiene —o no debería tener— la potestad para decidir de manera unilateral, sobre el grado de dolor, de mal o de bien que ha ocasionado con sus actos. Lo único que puede hacer es acarrear con las consecuencias.

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Serendipia

Hombre en callejón en ruinas para el relato serendipia

Esta imagen es una combinación entre dos imágenes originales, propiedad de Olli Homann y Mirøslav Hristøff, respectivamente.

 

Hoy les traigo un relato muy especial para mí. Fue el primer intento de escribir una novela que recuerdo y el culpable de las innumerables horas muertas que pasé en la cafetería de mi facultad con un lápiz y una libreta.

Finalmente deseché el proyecto tras meses de frustración, así que quedó olvidado en un cajón. Serendipia no es más que el comienzo de aquel proyecto olvidado, reconvertido en relato corto. Espero que les guste.

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Dark Water, de Kôji Suzuki

Imagen de portada del libro de Kôji Suzuki, Dark Water

Portada de Dark Water, un libro de Kôji Suzuki.

 

Un descenso a las cloacas de la naturaleza humana

Vidas ordinarias obligadas a enfrentarse a sucesos que pondrán sus realidades del revés. Esa es la base de todas las historias que conforman Dark Water (Kôji Suzuki, 1994), un compendio de relatos donde el agua, base primigenia de la vida, se convierte, aquí, en mensajera del terror en sus más diversas formas.

Una madre soltera y misándrica con una desconfianza patológica hacia el mundo exterior; un misóngino y maltratador psicológico con un retorcido sentido del humor; un marido egoísta e iracundo incapaz de deshacerse de los fantasmas del pasado; un déspota director de teatro. Estas son algunas de las piedras angulares —aunque no siempre los protagonistas— de relatos que llevan la angustia y el terror al fangoso terreno de lo factible.

¿Te atreves a sumergirte en la oscuridad?

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Al fondo a la derecha

Puerta de un baño público. Un cruel recordatorio diario para muchas personas transgénero

Puedes ver la imagen original en la cuenta de Flickr de Jonathan Grado.

 

Aquella figura, que le devolvía la mirada desde el escaparate del Café de las almas perdidas, le era completamente ajena. No recordaba exactamente cuándo había comenzado a renegar de su cruel anatomía, oponiéndose a la resignación de aceptar el resultado de unos dados que nunca le habían dejado lanzar.

Con un profundo suspiro, proyectó toda la rabia contenida hacia el desconocido reflejo, cubriéndolo con una agradecida nebulosa de vaho, y se dispuso a entrar en aquella cafetería con nombre de película francesa. No tardó en localizar a su madre al fondo del establecimiento, sentada en la misma mesa donde la esperaba todos los días a las cinco de la tarde.

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Singularidad. Segunda parte. (2/2)

Escaparate de una librería oscuro y lleno de rasguños

Puedes ver la imagen original en la cuenta de Flickr de Álvaro Ibáñez.

 

Lo prometido es deuda. Aquí les dejo el desenlace del relato Singularidad. Si ya leíste de la primera parte, te animo a descubrir el sorprendente final. Si no, ¿A qué estás esperando? (No digas que no te lo advertí)

Ir a la primera parte

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Singularidad. Primera parte. (1/2)

Escaparate de una librería

Puedes ver la imagen original en la cuenta de Flickr de Álvaro Ibáñez.

 

Abrí la puerta de la vieja librería, y el sonido de la campanilla me transportó inmediatamente a tiempos tan antiguos como mis recuerdos. Había pasado una vida desde la última vez que crucé el umbral entre la realidad y la fantasía; entre la apatía de una adolescencia tímida y aislada, y la valentía de enfrentarme —aunque fuese como mero espectador— a infinitas aventuras, dramas y misterios.

Cuando el incisivo tañido de aquella guardiana de historias se fue apagando, todo quedó en silencio, como si cualquier sonido quedase amortiguado por el peso del polvo y la memoria. Mis dedos, surcados por los aperos del tiempo, recorrieron el lomo de los cuerpos acostados, leyendo con esfuerzo los nombres de mis antiguos compañeros de batalla. Hacía demasiado tiempo que mis yemas no sentían el agradable tacto del cartón, el cuero y el papel. Sin embargo, recordaba perfectamente las horas que pasé sentado en aquellos pasillos estrechos, descubriendo con asombro los retos a los que debían enfrentarse Ulises, Ahab y compañía.

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¿Quieres mejorar como lector? Pues olvídate de trucos para leer más rápido

Gran biblioteca de libros. Leer más rápido no nos ayudará a leer mejor.

Puedes ver la imagen original en la cuenta de Flickr de Stiller Beobachter.

 

Dice Robert McKee en su libro El guión, que cualquier teoría sobre los paradigmas y los modelos infalibles de redacción que sirven para alcanzar el éxito comercial es un completo disparate. McKee carga con esta lapidaria frase contra aquellos que, como Syd Field, se empeñaban en reducir la creatividad a una fórmula matemática incuestionable. Una suerte de dogmático manual de instrucciones para triunfar en el séptimo arte, entendiendo por triunfar no el hacer buenas películas, sino millones en taquilla. Convertir el noble oficio de contar historias, en un manual del perfecto vendedor comercial.

Sin duda, Robert McKee es un personaje controvertido con una curiosa manera de exponer su verdad y es ampliamente conocido el enfrentamiento académico que siempre ha mantenido con Field, el otro gurú de la escritura de guiones. No obstante, si conseguimos decantar y neutralizar el veneno de la frase, el mensaje subyacente es una máxima que bien podría aplicarse también a la lectura y a la vida en general.
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Cría cuervos

Cuervo caminando sobre el hielo, para ilustrar el relato Cría cuervos

Puedes ver la imagen original en la cuenta de Flickr de Hamish Irvine.

 

Chester McCorax inspeccionó aquella cáscara de pipa con ceñudo interés, pese a que la miga de pan abandonada, de aspecto mohoso, también le llamaba poderosamente la atención. Finalmente se decidió por la miga, atacándola ávidamente con su pico oscuro y semicurvo.

Tal vez por aquellos fríos lares la vida de los cuervos no tuviese el considerado glamour de las águilas reales ni la afamada sabiduría de los búhos, pero era una vida sencilla y respetable. Chester apreciaba esas cualidades por encima de la mala fama de resentido, agorero y desagradecido. Una losa asociada a sus congéneres desde el principio de los tiempos, y que algún escritorcillo con ínfulas de poeta se había encargado de cincelar para la historia en letras de mármol. Al menos podía congratularse de no haber nacido paloma. Malditas ratas del aire.

Pese a ello, no podía evitar mirar con mal disimulada envidia a los cisnes que se pavoneaban por aquella antigua ciudad de la vieja Europa. Con su elegancia acaparaban todas las migajas de los visitantes, no solo en verano cuando podían desplegar sus encantos, sino también en invierno, una época festiva y gélida cuya melancolía le venía a Chester como anillo al dedo. Por eso no perdía ocasión de poner a prueba la escasa paciencia de los anátidos tirándoles de la cola y arrancándoles, en un despiste, alguna que otra pluma.

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