Una década por venir

Aunque la década oficialmente comience a finales del año que viene, por motivos personales, para mí 2020 supondrá un cambio de ciclo y el fin de un decenio que ha dado para mucho. Y he aquí mi reflexión.

¿Te animas a compartir la tuya?

En diez años te pueden pasar infinitas vidas por delante. Pocas de ellas serás capaz de rozarlas con los dedos, aunque algunas te atropellarán como el tren de mercancías de un thriller de los Noventa.

Los Noventa, qué lejos quedan ya, y a la vez siempre presentes en forma de canciones, de melancolía y de una nostalgia por un tiempo pretérito imperfecto, sobredimensionado a base de recuerdos borrosos y prestados.

La última década comenzó con la incertidumbre y el miedo a una crisis que robó planes de futuro y madurez a toda una generación, a la que luego se le exige abandonar el complejo de Peter Pan.

A mí me pilló en Barcelona, con el corazón dando tumbos y desgastándose a base de abrazos infinitos y noches etílicas que inspiraban relatos clandestinos, gusanos de tinta encerrados demasiado tiempo en una caja de cartón, hasta transformarse al fin en mariposas de electrones.

La vida era sencilla por ser la gran incógnita que nadie quería despejar en la ecuación de una adolescencia tardía.

Cuando eres incapaz de vislumbrar un futuro, a veces ese futuro te alcanza de manera inesperada y sin dejarte escapatoria. Un futuro de naipes con la consistencia del queso fundido. Aun así, te aferras a él con uñas y dientes, poniéndote tu mejor traje y vistiendo buena cara mientras le ves desmoronarse. Y claro que se desmorona: nada construido sobre una base de harina cenagosa está pensado para perdurar, especialmente cuando intercede la mano de un Brutus de medio pelo.

Porque una década da para más traiciones de las que uno pensaría que podría encajar, de toda índole y en todos los ámbitos. Algunas son asumibles y conllevan una enseñanza de futuro que de otra forma sería incapaz de perfundir en la corteza de nuestro obtuso raciocinio. Otras son simplemente previsibles, como el punto de giro de guionista perezoso. Pero algunas son especialmente lacerantes por inesperadas en contenido y continente.

Supongo que para eso se inventó el Noveno Círculo.

Por desgracia, la inmensa mayoría de esas felonías son indefectibles y solo queda encajar el golpe, reconstruir tus pedazos rotos con un celo de baldosas amarillas, y rezar porque, algún día, el mago cabezón te conceda el don de entender la moraleja.

Diez años dan para muchos recuerdos y enseñanzas, pero se pueden convertir en veinte si pasas la mitad en aislamiento. Si no, pregúntale a los reos.

A base de una década de vivir a la intemperie emocional los contornos se desdibujan y tratar de protegerlos con plastrones oxidados es una gesta tan ingrata como inevitable.

Lo bueno de las piedras del camino es que, si doblas las rodillas y mantienes la espalda recta, te servirán para construir una escalera con la que alcanzar el otro lado del Gran Muro. Y si no tienes tanta fuerza, al menos podrás formar una flecha que te indique por dónde bordearlo.

A mí me permitió conocer el amor y perderlo para siempre; aprender a escalar en mi memoria y recuperar la pasión por la escritura, lamerme las heridas y tomar un rumbo que de otra manera jamás me hubiese atrevido a transitar.

Diez años dan para construir un Gran Muro de recuerdos, pero nunca hay que olvidar colocarle una ventana. Un pequeño hueco a través del cual vislumbrar las maravillas de un destino inescrutable.

Porque diez años son una década de lecciones aprendidas. Una pista de recuerdos con la que tomar la suficiente carrerilla para lanzarte al espléndido futuro por venir.

Feliz año. Feliz década. Feliz futuro.

Una reflexión de Fernando D. Umpiérrez

Banda Sonora Opcional: El meu lament – Ferrán Palau

Publicado por Fernando D. Umpiérrez

Guionista, escritor, superviviente y tan biólogo como médico el Gran Wyoming. Un soñador empedernido encerrado en el cuerpo de un pragmático redomado. Observador impasible de realidades alternativas. Ahora sobrevivo como guionista de fortuna. Si buscas alguna historia y no la encuentras, quizás puedas contratarme...