Recuerda que es altamente recomendable acompañar la lectura con la Banda Sonora Opcional que aparece al final de cada relato.

   

¡Jazz, sí! (Un pequeño homenaje a los músicos)

Entrada del JazzSi Club, taller de músicos

Puedes ver la imagen original en la cuenta de Flickr de UrbanrulesBCN02.

 

El pasado día 22 fue el Día del Músico y para celebrarlo me gustaría rendir homenaje al Jazzsí Club, un mítico local de Barcelona que fue toda una revelación, cuando hace años me mudé a esa maravillosa ciudad. Un local que sigue poniendo a la música en vivo en el lugar que le corresponde. Un sitio mágico donde cualquiera puede subirse al escenario y dar rienda suelta a su pasión. Un lugar de encuentro, de divulgación musical, de creatividad. Una caja de Pandora que todos deberían querer abrir. El último bastión de la música y del músico.


 

¡Jazz, sí! Un homenaje a los músicos

La atmósfera cargada y el reducido espacio no impedían que, como cada domingo, aquel semisótano se abrigase con la memoria de los clásicos, ataviados con máscara de actualidad.

Uno a uno, estrellas de muy diversa índole poblaban la tarima. Jimmy Hendrix daba paso a Bob Dylan, que cuando bajaba los escalones estudiaba con una mezcla de curiosidad y lástima a un Lennon con pantalones holgados y gorra de skater, que ocupaba su sitio con una armónica en la mano. Tras él, Aretha se aclaraba la voz y un primo lejano de James Iha rasgaba la guitarra con elegancia y pose, mirando siempre de reojo al hermano pequeño de Steve Tyler, que apuraba su cerveza en un rincón oscuro del escenario. La sala era una jauría de los roles más delirantemente variopintos. Todos asentían casi al unísono al reconocer una melodía agradablemente familiar. Hasta el country tenía cabida en aquella Torre de Babel de la armonía.

Y es que, en menos de una hora, podías viajar desde un pequeño tugurio perdido en medio de Texas, hasta un Pub de moda situado en el Liverpool de los sesenta, pasando por los destartalados bares de Seattle, Boston o Los Ángeles. Y todo ello moviéndote apenas unos metros. Los metros suficiente para pedir otra cerveza.

Aquella era la magia de la música en directo. Aquel era el sentido de un escenario sin candados.

 

Un relato de Fernando D. Umpiérrez

 

Banda Sonora Opcional: TODA LA DEL MUNDO