Recuerda que es altamente recomendable acompañar la lectura con la Banda Sonora Opcional que aparece al final de cada relato.

   

El final de mi búsqueda

Una sencilla piedra blanca que destaque sobre el resto puede ser el mayor tesoro de tu búsqueda.

Puedes ver la imagen original en la cuenta de Flickr de Tangolimon.

 

Los años perforaban mi consciencia como lentas y dolorosas lanzas redentoras, sin poder siquiera vislumbrar el horizonte final de mi pesquisa. Cada gruta que exploraba, cada horror que superaba a costa de mi cordura, me otorgaba tesoros deslumbrantes. Sin embargo, esas alhajas no eran más que máscaras vacías que nublaban mis sentidos y terminaban por traerme más desdichas que fortuna.

Había dedicado toda mi vida a buscar la felicidad. A combatir en nobles empresas y defender mis ideales en busca de la gloria, pero por más que lo intentaba, lo único que obtenía era un cascarón hueco tras otro, adornados de envolturas seductoras incapaces de llenarme.

Siempre seguí mi instinto a la hora de enfrentarme a los cruces de caminos y, aunque pesaban más las veces de acierto que de error, comenzaba a estar hastiado de esta agotadora lucha. Una noche de primavera reposé mi maltratado cuerpo en la orilla de un río de escaso caudal y comencé a darme cuenta de que mi búsqueda apenas había dado frutos, mi moral estaba hundida y mis esperanzas se desvanecían como una bocanada de humo en mitad de un temporal.

Apesadumbrado, bajé la cabeza y posé la vista en una piedra que descansaba en el seno de aquel río bañado por la luz de la Luna. Era una roca sencilla y sin mayores florituras, pero despertaba en mí un interés inusitado. Al tratar de alcanzarla, la helada malla de agua recorrió mi cuerpo con una dureza desmedida, haciéndome retroceder casi al instante. La sensatez me impulsaba a alejarme, pero aquella pequeña roca ejercía sobre mi tal atracción, que borraba cualquier rastro de prudencia.

Haciendo caso omiso a la experiencia, introduje mi mano en la helada superficie, tratando de alcanzar la ansiada fuente de deseos. No fue fácil, pero cuando por fin pude sacarla del río, su forma se desvaneció ante mis ojos y en su lugar apareció ante mí una perla perfecta de un brillo inconcebible.

Era una roca sencilla y sin mayores florituras, pero despertaba en mí un interés inusitado.

Cuanto más la miraba, más maravillosa me parecía y menos se asemejaba a cualquier otra joya que jamás hubiese contemplado. Entonces fui consciente de que aquel pedazo de universo era la verdadera razón de mi existencia; el verdadero motivo de una búsqueda que me había llevado a la orilla del aquel gélido río, una cálida noche de primavera.

En ese preciso instante, aquella preciosa perla se disolvió entre mis dedos convirtiéndose en un líquido viscoso que penetró en mi piel rápidamente, dejándome un regusto agridulce en el alma. Había perdido aquello que tanto creía anhelar, pero parte de su esencia quedó eternamente unida con mi espíritu, dotándome de una lucidez inigualable.

Con aquella epifanía emprendí de nuevo mi camino, sabedor de que vendrían otras joyas tan preciosas como nocivas, aventuras complicadas y muchos palos en las ruedas de mi carro. Pero también descubriría, otros ríos cargados de secretos y belleza, experiencias enriquecedoras y rincones mágicos alejados del mundanal ruido.

Porque, pese a haber dedicado toda mi vida a buscar la gloria en tesoros ostentosos, riquezas y poder, la auténtica paz me esperaba no en grandes castillos custodiados por dragones, ni en las falsas alabanzas escritas en honor, sino en un río tranquilo, en una piedra sencilla en cuyo interior se escondía la perfección de todas las reliquias del cosmos.

 

Un relato de Fernando D. Umpiérrez

 

Banda Sonora Opcional: Dry – Feeder

 

  • David Rubio

    Un texto muy tuyo, Fernando. Como dijo alguien, la aventura, la pasión, el conocimiento… todo eso nos lo da la búsqueda no el hallazgo. En sí, solo existe un tesoro que todos intentamos encontrar: la respuesta a qué hago aquí. Los científicos, artistas, filósofos, pero también cualquier persona con una actividad más cotidiana ansía encontrar su razón de ser. Pero ese tesoro creo que jamás lo encontraremos, solo la búsqueda, el camino para llegar a ella, nos puede revelar un poquito. Un relato para gozarlo poco a poco y aceptar su invitación a la reflexión. Saludos!

    • http://www.eltinteroinfinito.com Fernando Diez

      Como siempre, David, un honor y profundo agradecimiento por tus palabras.

      Y has dado en el clavo. El viaje es el objetivo en sí mismo. Cómo nos llena de herramientas para enfrentarnos a la realidad y cambia nuestro prisma. Ligeramente. Lo suficiente para cambiarnos y hacernos crecer. Para estar preparados cuando echemos la vista atrás y podamos sentirnos satisfechos por la viva disfrutada, en esa única e inquebrantable meta, que es la muerte.

      Un abrazo y muchas gracias por tus palabras.

    • http://www.eltinteroinfinito.com Fernando Diez

      Y lamento profundamente la tardanza en la respuesta. Por algún motivo el Disqus ha decidido que no es una buena idea avisarme cuando alguien quiere compartir en mis relatos.
      Lo siento mucho.