Recuerda que es altamente recomendable acompañar la lectura con la Banda Sonora Opcional que aparece al final de cada relato.

   

La visitante nocturna

Tela de araña para ilustrar el relato La visitante nocturna

Puedes ver la imagen original en la cuenta de Flickr de Jed Sullivan.

 

Abro los ojos y allí está, quieta, oscura y paciente, con sus enormes patas y su rechoncho cuerpo segmentado. Me observa parsimoniosa desde una pequeña imperfección en la pared, entre dos ladrillos que ha reclamado como propios. Apenas se mueve, como si en realidad no estuviese allí, a la espera de un mosquito despistado o de una mosca que vuele demasiado cerca.

Podría cerrar los ojos y regresar a mi plácido sueño pero soy incapaz; esa mirada octuplicada me hipnotiza, observándolo todo desde su atalaya con la intensidad de ojos sin párpados y la mirada fija en cuanto le rodea.

Me levanto, no puedo permitir que esa ínfima criatura me gane esta batalla. Una batalla que nunca ha presentado, pero cuya victoria debo ser yo quien la proclame.

Al acercarme a su guarida corre a las profundidades a esconderse, veloz y acobardada y eso me crispa de una manera inexplicable, por convertir en acto inútil el esfuerzo de enrollar el periódico que ahora alberga mi mano.

Podría cerrar los ojos y regresar a mi plácido sueño pero soy incapaz; esa mirada octuplicada me hipnotiza

Pero no me rendiré tan fácilmente. Mi ira es tan terrible que hasta el sueño ha corrido a esconderse en cualquier profundo recodo de mi mente. Me dirijo hacia el baño en busca de un arma mejor que presentar en la pelea contra este irracional enemigo y regreso con la seguridad del triunfo en la mirada y un as químico en la manga. Sobre su hogar vierto toneladas de veneno preventivo en forma de aerosol, masiva e indiscriminadamente.

Tras unos segundos, veo aparecer a mi némesis articulado tambaleándose, visiblemente incómoda por no haber previsto esta jugada, mientras trata de aferrarse a la pared con su último estertor arácnido. Observando el espectáculo la curiosidad me atrapa en sus redes y un pensamiento interesante pone huevos en mi mente. En realidad poco sé de estas pequeñas criaturas ¿Cuál es su dieta? ¿Son nocturnas o diurnas? ¿Tienen siquiera pulmones con los que sufrir un último estertor?

A medida que me planteo estas cuestiones tan humanas, cierto sentimiento de humana culpa eclosiona tímidamente en mi conciencia. Verla agonizar de esa manera llega a resultar molesto y, en un acto de misericordia, opto por poner fin a tan inútil sufrimiento a golpe de tabloide deportivo. Al fin todo queda en calma y puedo acallar el molesto picor que ha surgido justo en mitad de mi conciencia.

Con la satisfacción de un trabajo bien hecho, regreso a mi cama y apago la luz, tratando de conciliar un sueño inquieto y pegajoso, producto colateral de un exceso de toxina que reactiva mis lacrimales sin la presencia catalizadora de emociones, compitiendo en su llamada de atención con mis pulmones irritados.

Pero lo que más distrae mis esfuerzos por alcanzar el limbo onírico, es el zumbido agradecido de un mosquito perspicaz, que absorbe con un guiño parte de mi estúpida genética, libre ahora de la amenaza de su archienemigo ancestral.

 

Un relato de Fernando D. Umpiérrez

 

Banda Sonora Opcional: Spiders – System of a Down