Recuerda que es altamente recomendable acompañar la lectura con la Banda Sonora Opcional que aparece al final de cada relato.

   

Una nana para Ariadna

Carrito en habitación oscura para ilustrar "Una nana para Ariadna"

Puedes ver la imagen original de portada en el perfil de Deviantart de Mateusz Pisarski.

 

Ariadna nació en un mundo de destellos y fachadas. Un mundo de caminos de ida y vuelta, cuyas metas eran siempre artificiales. Fue un regalo divino injustamente rechazado, roto incluso meses antes de nacer, por el desprecio de una madre que siempre antepuso su carrera profesional de pasarela y ficción, a la dicha de ser ejemplo y parte en la vida de una hermosa criatura.

Desde su primer hálito de vida, Ariadna sufrió la indiferencia y la ausencia de cariño. Siempre le dieron la espalda, que ella observó, como una pantalla blanca donde se espera ansioso que proyecten una película que nunca llega. En su vida habían apagado la luz, pero jamás tuvieron la intención de encender el proyector.

Ariadna nació en un mundo de destellos y fachadas. Un mundo de caminos de ida y vuelta, cuyas metas eran siempre artificiales.

Su madre siempre la vio como un error que jamás debió cometer pero que nunca se atrevió a interrumpir, ejemplo de aquellos deslices horizontales que tan acostumbrados estaban a despreciar en el entorno de su gremio. Un lastre que trató de ocultar con ahínco, disimulando su incipiente fruto mediante vendas y tensiones. Desesperada por embutir en delicadas prendas, el hermoso cuerpo que albergaba su negro corazón.

El resultado fue un nacimiento prematuro, complicado y peligroso, que dejó profundas secuelas en el cuerpo y la mente de la pobre Ariadna, hasta tal punto, que siempre fue incapaz de lanzar un por qué al viento, que por otra parte nunca hubiese sido respondido. Cuando su abuela tuvo que hacerse cargo de su triste providencia, su madre no se molestó en echar la vista atrás.

Hoy Ariadna descansa por fin, junto al único que nunca le negaría un abrazo. Tánatos se acerca a su cuna cada noche para cantarle una arrulladora nana, que le hace sentir más en paz y querida de lo que nunca se sintió en vida.

 

Un relato de Fernando D. Umpiérrez

 

Banda Sonora Opcional: Lullaby – The Cure

 

  • Margarita Arenas Ospina

    Conmovedor relato! Y miles de pequeños seres como “Ariadna” hoy llegan si ser deseados y otros tantos, se despiden entre sombras.

    Alguna vez leí sus escritos en “Corto Relatos” y ahora me remite aquí. Saludos.

    • http://www.eltinteroinfinito.com Fernando Diez

      Muchas gracias de nuevo, Margarita. Ya te respondí por Facebook al mensaje que me escribiste, pero me reitero por aquí.

      Me conmueve que el relato haya tocado algo en tu interior y me alegra de que hayas pasado a visitarme. Estas en tu casa.

      ¡Un saludo!