Recuerda que es altamente recomendable acompañar la lectura con la Banda Sonora Opcional que aparece al final de cada relato.

   

Retazos de una vida cualquiera

Fotografía mujer a través de ventana para ilustrar el relato "Retazos de una vida cualquiera"

Puedes ver la imagen original de portada en el perfil de Flickr de Sebastián Gutiérrez.

 

El día se mostraba como un lienzo en blanco, sin construir, vacío de nubes en el cielo.

Aquella engañosa sensación de calor escondía un gélido viento, que barría de un plumazo toda sensación de confort y entumecía el espíritu, transmitiendo un extraño estado de ánimo carente la nostalgia de los nublados días de otoño, pero siendo apenas un pálido boceto del plácido abandono de los días de verano. Una tierra de nadie en medio de las estaciones. Un limbo meteorológico.

Como cada mañana, mientras observaba el creciente ajetreo de la ciudad desde el escaparate difuminado tras una de esas pretéritas cortinas de punto, pidió un café con poca leche y nada de azúcar, un bikini (jamás llegaría a entender el porqué de esa pretensión estival para un simple sándwich de jamón y queso) y el periódico del día, donde se distraía leyendo la sección de música y ocio, las viñetas de Calvin y Hobbes que tanto le inspiraban y el horóscopo en el que, como cada día, nunca encontraba la respuesta a sus múltiples incógnitas. Evasión.

El día se mostraba como un lienzo en blanco, sin construir, vacío de nubes en el cielo. Una tierra de nadie en medio de las estaciones. Un limbo meteorológico.

Fuera, unos turistas escudriñaban con el ceño fruncido el menú del día escrito con tiza sobre una pizarra gastada, en busca de alguna oferta de sangría con paella. Ni era jueves, ni éste era uno de esos bares. Más suerte en la próxima ventanilla de estereotipos.

Pasaba las páginas distraída, mientras iba reduciendo las dimensiones de aquel bocadillo con microtómicos mordiscos, preguntándose si alguna vez sería capaz de encontrar su camino, si realmente tendría el valor de tomar las decisiones adecuadas que la llevasen a ser un poquito más feliz o al menos encontrar las energías para atar todos los cabos sueltos de su corta pero intensa vida. Finalmente abrió el bloc de notas de su Smartphone y apuntó “Pan y leche”, recordando escenas inconexas de la noche anterior, con un amago de sonrisa en los labios y un pozo de nostalgia en la mirada.

El mundo gira demasiado deprisa para meditar demasiado sobre cómo va el mundo.

 

Un relato de Fernando D. Umpiérrez

 

Banda Sonora Opcional: Copenhague – Vetusta Morla